El "Paciente Cero" y la estigmatización

Gaetán Dugas no fue quien llevó el sida a Estados Unidos. (Foto: archivo, anónima)

Gaetán Dugas no fue quien llevó el sida a Estados Unidos. (Foto: archivo, anónima)

Su nombre era Gaétan Dugas. Era homosexual, trabajaba en una aerolínea y se infectó con VIH. Murió en 1984. Pasó a la historia como el “Paciente Cero” por considerarse que fue la primera de las víctimas de la pandemia de sida que puso de rodillas al mundo entero en la década de los 80. Se le responsabilizó de docenas de muertes. Se afirmó que, por su culpa, el virus mortal había llegado a Estados Unidos. Y que su “estilo de vida” había desencadenado el fallecimiento de cientos de hombres gay en ese país.

Sin embargo, la ciencia lo exoneró esta semana. El miércoles 26 de octubre, un estudio científico, publicado por la revista Nature, arrojó luz sobre la ruta que llevó al virus de inmunodeficiencia humana a territorio estadounidense. La cepa no llegó de África, como se ha repetido desde hace décadas, sino de las costas caribeñas. Y el puerto de entrada no fue San Francisco, sino Nueva York, hace 45 años; poco antes de que el Paciente Cero se infectara. La población gay, la más afectada en aquel momento, fue terreno fértil para la propagación de la enfermedad.

Pero el responsable de los estragos causados por el sida no era Gaétan Dugas, quien llegó a ser uno de los pacientes más demonizados de la historia. Y lo llegó a ser, porque se necesitaba un culpable en tiempos de incertidumbre y, como era un hombre promiscuo, los pretextos sobraron. Se le vio como a un moderno María Tifoidea  (portadora de la enfermedad que, trabajando como cocinera, infectó a 51 personas en Manhattan hace poco menos de 100 años).

Sin embargo, “no hay evidencias ni biológicas ni históricas que apoyen la extendida creencia de que (esta persona) fuera la causa primaria de la epidemia de VIH”, señala Michael Worobey, evolucionista de la Universidad de Arizona y uno de los científicos involucrados en la investigación médica en que se compararon 2 mil muestras de sangre de hombres recolectadas en las décadas de los 70 y 80. 

Dugas, en lo particular, y la comunidad gay en general, pasaron a ser los villanos en una película de horror sin precedente en la historia médica, acompañada de todo tipo de prejuicios y de múltiples dañinos estigmas. Muchos no buscaron ayuda, paralizados por el miedo. Padecer la enfermedad era motivo de vergüenza. Lo peor: lo sigue siendo.

En Guatemala, dos mil niños viven con VIH. Y de los 55 mil casos identificados en todo el país, 21 mil son mujeres mayores de 15 años. Estos son datos del capítulo nacional de Onusida. Sin embargo, el estudio “Estigma y discriminación en relación al VIH y el sida en Guatemala”, de 2014, descubrió que “cuatro de cada diez respuestas expresan opiniones que, en forma abierta o encubierta, pueden llevar a la discriminación (de los pacientes)”.

Porque al final de todo, en el imaginario colectivo, los prejuicios surgidos en los 80 aún prevalecen. Es la cruel sociedad. O la crueldad social. Da lo mismo como quiera llamársele. 

28 de octubre de 2016, 16:10

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