Pagar o no pagar: esa ya no debe ser la cuestión

La corrupción prevaleciente en el país no debe ser excusa para no pagar impuestos. (Foto: Archivo soy502)

La corrupción prevaleciente en el país no debe ser excusa para no pagar impuestos. (Foto: Archivo soy502)

Soy contribuyente del fisco desde que ingresé al mercado laboral, hace más años de los que quisiera recordar.

A cambio del pago de mis tributos he recibido muy poco. Por no decir casi nada. Y me da escalofríos pensar que parte de mis aportes se emplearan para comprar cinchos Hermes de color naranja. También he padecido a la Superintendencia de Administración Tributaria, SAT. He recibido los correos ininteligibles que precisan de traducción contador/español donde piden presentarse de un día para otro y obligan a escarbar, de urgencia, en los archivos. He hecho las colas de Herodes a Pilatos y, de vuelta otra vez, confiada en haber llevado la papelería correcta solo para darme cuenta de que “fíjese”.

Estoy también consciente de que tres de diez ex titulares de la SAT o enfrentan proceso judicial o están en prisión. Perdí la cuenta, hace mucho, de cuántos ex trabajadores de esa entidad están en las mismas, ya sea por haber participado en La Línea, o en el caso Redes o en el de La Riviera. Recaudadores todos, que se quedaban con lo recaudado. Por eso entiendo que el temor a que “se roben mis impuestos” ha llevado a miles de guatemaltecos a comprar facturas, hacerse de empresas de cartón o contratar los servicios de ágiles componedores como Norman Tejeda, preso desde 2013 y quien es señalado de ser uno de los más grandes defraudadores de impuestos en Guatemala.

Evadir o eludir es sencillo. Comprar facturas está a un “click” de distancia. La colega Marielos Fuentes hizo un ejercicio rápido en el programa A Primera Hora de Emisoras Unidas, y en cuestión de segundos, Google le presentó un listado de oficinas, con dirección y teléfono, que las venden al instante y “por cualquier monto”. Lo de la cultura tributaria nos suena ajeno, casi extraterrestre. A nadie le agrada pagar impuestos, sobre todo por lo poco o nada que se recibe a cambio. No extraña, por ello, enterarnos que seis de cada diez contribuyentes tienen aún pendiente el pago del de circulación de vehículos, plazo que vence el 31 de julio.

Pagar impuestos nos es ajeno, resulta incómodo y es sumamente difícil, cuando no debería de serlo. Pero es la única forma cómo se puede evitar que niños guatemaltecos se mueran de hambre o madres dejen la vida dando a luz. No hay otra vía. No hay donativos ni fundaciones suficientes que puedan acometer una tarea como ésta. O como otras tantas que tenemos rezagadas. Les corresponden al Estado. A nadie más.

Los empresarios tienen que pagar sus impuestos. Los pequeños y medianos contribuyentes, también. ¿Ha sido un salto al vacío? Más años de lo que quisiera recordar. Pero aplaudo que la SAT y el Ministerio Público estén persiguiendo a los evasores y que, de pronto, las arcas de ese paupérrimo Estado responsable de acabar con el hambre de los niños reciba un flujo inmediato nunca antes visto. Que Q45 millones por aquí, Q752 millones por acá, Q27 millones de otro sitio. Julio Sólorzano Foppa, el actual titular de la SAT dijo, en esa misma entrevista de Emisoras Unidas, que muchos, al ver lo que ocurre, han llegado a ponerse al día.

Ese es el tipo de efectos que tiene el que opere la justicia. Empezamos a hacer las cosas como debimos haberlas hecho siempre. Lo cual nos da derecho a exigir más y también, nos dota de herramientas para perseguir a los corruptos y ladrones. Así funciona el círculo, por mucho que hayamos pretendido hacer las cosas al revés. La luz es siempre más  atractiva que esa área gris en la que nos acostumbramos a estar, durante más años de los que quisiera recordar. 

15 de julio de 2016, 08:07

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