En el país de los eternos bloqueos

Un grupo de manifestantes del Frente Nacional de Lucha (FNL), bloqueó la ruta interamericana el pasado 4 de agosto. (Foto: Archivo/Soy502)

Un grupo de manifestantes del Frente Nacional de Lucha (FNL), bloqueó la ruta interamericana el pasado 4 de agosto. (Foto: Archivo/Soy502)

Estampa uno. Martes por la mañana. El ingreso al aeropuerto internacional La Aurora está bloqueado. Quienes tienen que tomar un vuelo se ven obligados a caminar varias cuadras, arrastrando sus maletas, para llegar a la terminal de salidas. “Chimaltenango está presente en la lucha hasta la victoria”, reza el rótulo de uno de los manifestantes. Los conductores que pretenden pasar por el lugar, porque viven o trabajan cerca, no pueden moverse ni un centímetro. El paro es reivindicado por el “Movimiento Guatemalteco de Pobladores” y, con esta acción, pretende obtener viviendas. Arriban policías antimotines. Interviene la oficina del Procurador de Derechos Humanos y se despejan las vías. 

Estampa dos. Jueves de madrugada. Sindicalistas de dependencias estatales obstaculizan las aduanas de Pedro de Alvarado, El Carmen, La Ermita y Tecún Umán. También el acceso a Puerto Quetzal. Y ocupan el aeropuerto internacional Mundo Maya, en Petén. Su pliego de peticiones es extenso. Los de salud exigen, entre otras cosas, cambio de personal de renglón temporal a permanente. Reinstalaciones de personas despedidas. Pagos de viáticos y bonos atrasados, entre otros. Los de educación, que se cumpla sí o sí con el pacto colectivo de trabajo. 

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Nadie puede pasar. Se detiene el libre tránsito de mercancías y personas. Cien furgones hacen fila intentando entrar a El Salvador. Interviene la oficina del Procurador de Derechos Humanos y recuerda que la Corte de Constitucionalidad ha dicho ya que el derecho a manifestar es legítimo si se respeta la libre locomoción. 

Estampa tres. Viernes por la tarde. Horas después de que el presidente Jimmy Morales ha ordenado al Ministerio de Gobernación desalojar a los manifestantes que desde el jueves interrumpen el paso en las aduanas, las vías quedan liberadas. Se instalan mesas de diálogo, después de que muchos comerciantes tuvieron que pasar la noche adentro de sus vehículos. Las pérdidas, según la Superintendencia de Administración Tributaria, habrían superado los 40 millones de quetzales. 

Así funcionan las cosas en Guatemala. A las mesas de diálogo se llega después de bloquear y hacer rabiar a decenas de miles. Manifestar es válido, legítimo y en un país como el nuestro, en donde la exclusión ha estado a la orden histórica del día, necesario. Pero lo ocurrido en la última semana, como ha pasado en una enorme cantidad de jornadas anteriores, no puede ser calificado de otra manera más que de abusivo. 

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Sin embargo, estas acciones no son sino el reflejo de una de las más sentidas debilidades de nuestro Estado. Hemos abandonado instancias nacionales de diálogo. Más allá de lo que hace la oficina del Procurador de Derechos Humanos, no hemos sido capaces de organizar entidades sólidas, con equipos de negociadores formados a nivel profesional que sean capaces, no solo de abortar estos procesos, sino de impedir que se den. Bloquear no es la respuesta. Pero que permitamos que algunas entidades crean que es la única salida, tampoco.  

*Las opiniones publicadas en las columnas son responsabilidad de su autor, no de Soy502

22 de agosto de 2016, 10:08

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