Pequeñas mamás coraje

En Guatemala, 687 menores, entre 10 y 14 años, tuvieron un hijo producto de violación de enero a marzo de 2016. (Foto ilustrativa, tomada del blog Las Tres y Un Cuarto, México)

En Guatemala, 687 menores, entre 10 y 14 años, tuvieron un hijo producto de violación de enero a marzo de 2016. (Foto ilustrativa, tomada del blog Las Tres y Un Cuarto, México)

Esta semana no faltaron las flores, los regalos, las tarjetas y los abrazos para millones de madres en todos los rincones del planeta. Se les celebra como lo merecen. Se les recuerda, si ya no están entre nosotros. Se les agasaja con detalles especiales (que, de preferencia, no sean un juego de sartenes).

Sin embargo, es poco probable que 687 guatemaltecas hayan tenido mucho que festejar este 10 de mayo. Esa es la cifra de niñas, comprendidas entre 10 y 14 años, que tuvieron un hijo producto de una violación, entre los meses de enero y marzo de 2016.  

Los datos son del Observatorio de Salud Sexual y Reproductiva (OSAR), que basa sus hallazgos en el registro de nacimientos del Renap. Estamos hablando de 687 "bebés" responsables de otros bebés; de 687 pequeñas que deberían estar jugando con muñecas y graduándose de primaria, no cambiando pañales o dando pachas.

De sus agresores, casi ninguno es conducido a los tribunales de justicia, que es lo que corresponde. Y si llegan, lo más seguro es que las víctimas vuelvan a sufrir el vejamen, de un modo o de otro. Ellas no cuentan con apoyo estatal que las ayude a superar el terrible trauma que significa asumir un compromiso que nadie les preguntó si deseaban. Para nada. Todo lo contrario. Ellas no disponen de auxilio ni de respaldo. Pero sí de estigmatización. De rechazo. De condena.

¿Ha oído usted la historia de la adolescente asustada, a quien le dan el pasaje de autobús para salir de su comunidad para que “vea qué hace” con la criatura que lleva en el vientre, bajo la condición de que regrese sin él? No crea que es una leyenda urbana. Tampoco es la trama de una película de terror. Es la historia que le ha tocado vivir a cientos de jovencitas. “Las niñas menores de 15 años tienen cinco veces más probabilidades de morir durante el embarazo que las mujeres mayores de 20”, se lee en la página web de la OSAR . “Si una madre tiene menos de 18 años, la probabilidad de que su bebé muera durante el primer año de vida es de un 60 por ciento”, señala también ese documento. Ninguno de estos relatos se pinta de rosado o de celeste. No se dejan matizar con esos colores. Porque su tono va del rojo-sangre al negro-luto. O bien se mezcla entre el gris-congoja y el sepia-melancolía. 

Para que esta realidad cambie es imprescindible que todos actuemos. Pese a ello, en este país se mencionan las palabras “educación sexual obligatoria” y saltan todas las liebres, cuya mojigatería indignada las hace ver cual hienas. ¿El colmo de los colmos? El nuevo anteproyecto de ley nacional de la juventud excluye a los seres humanos comprendidos entre 12 y 17 años, y saca de la jugada cualquier posibilidad de que los mayores de 18 tengan acceso a anticonceptivos gratuitos. ¿Cuál es el propósito de seguir impulsándola? Ni idea.

Por otra parte, sé que no se logrará por decreto que dejen de violar a las niñas de Guatemala. Mientras que todos los sectores – autoridades, congresistas, ciudadanos, clérigos, madres y padres – sigamos haciendo las cosas como hasta ahora y nos atoremos de prejuicios, machismos y racismos, las más vulnerables seguirán sufriendo. Y pariendo.

*Las opiniones publicadas en las columnas son responsabilidad de su autor, no de Soy502

13 de mayo de 2016, 14:05

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