El peso de un juramento

Guatemaltecos celebran en las afueras del Congreso que 132 diputados votaron por retirarle la inmunidad a Otto Pérez Molina. (Foto: Wilder López/Soy502).

Guatemaltecos celebran en las afueras del Congreso que 132 diputados votaron por retirarle la inmunidad a Otto Pérez Molina. (Foto: Wilder López/Soy502).

La ceremonia de toma de posesión de la Presidencia de la República tiene como punto medular un juramento.

Frente a una bandera enorme que ocupa el escenario completo del Teatro Nacional, todos los asistentes se ponen de pie, mientras la persona que ha sido democráticamente electa para ocupar la primera magistratura del país, responde, con la mano derecha levantada y la izquierda colocada sobre la Carta Magna, a tres preguntas.

¿Jura, ante Dios y por su honor, ser fiel, leal y obediente a la Constitución Política del país, cumplirla y velar por su cumplimiento? ¿Jura fortalecer el Estado de Derecho, y para el efecto respetar y velar por el cumplimiento de las leyes de la Nación? Y finalmente, ¿jura cumplir con amor patriótico el cargo de Presidente de la República, para el que ha sido electo?

Desde que tengo consciencia política, he visto jurar a ocho hombres, ante la sonrisa complaciente de sus esposas. Y desde siempre, he escuchado con emoción las palabras que cierran la más solemne promesa del funcionario. El presidente del Congreso, en representación del pueblo soberano que elige a sus gobernantes y delega en ellos el poder, sentencia al hombre que recibe la investidura presidencial: "Si así lo hiciere, la Patria lo premie; si lo contrario la Historia y el Pueblo de Guatemala se lo exija y demande".

En 1993, ya el pueblo le retiró la banda presidencial con deshonra a Jorge Serrano Elías.

Hoy, 1 de septiembre de 2015, el Congreso de la República, con votación unánime de 132 legisladores presentes en el Hemiciclo, decidió retirarle la inmunidad a Otto Pérez Molina.

Los congresistas así lo decidieron, en parte obligados por una sociedad inflamada tras conocer que tanto el Ministerio Público como la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, CICIG, acusan a Pérez Molina y a la ex Vicepresidenta Roxana Baldetti, de encabezar una banda criminal dedicada a defraudar las aduanas del país. ¡A robar los impuestos que con tanto esfuerzo pagamos los guatemaltecos y que deberían utilizarse en educación, salud, seguridad e infraestructura!

Hoy Pérez Molina debe enfrentar a la Justicia. Ya se ha dictado arraigo contra él y no está lejos la posibilidad de que un juez acuerde solicitar contra él orden de captura. Si Pérez Molina no renuncia por la dignidad que merece la institución de la Presidencia, quizá lo veremos salir conducido, bajo resguardo policial, hacia su audiencia de primera declaración.

En un país como el nuestro, donde el ostentar poder político o económico ha sido durante siglos sinónimo de impunidad, el que el propio Presidente se vea obligado a someterse al imperio de la ley es un hecho simbólico de una contundencia absoluta.

Dos lecciones debemos sacar los guatemaltecos de ello.

Primero, que la aplicación de la ley debe ser igual para todos. Aquí muchos han abusado de su posición y no hablo sólo de políticos: no hay gremio que no haya pecado. Ojalá que a partir de este momento, quede claro que todos estamos sujetos a la ley, incluso aquellos que por ostentar rango o fortuna, se creen "los dueños" del país. Que no se nos olvide: todos y cada uno, estamos sujetos a la ley.

La segunda lección es que la ciudadanía organizada y decidida puede provocar cambios en la conducción política del país. Los gobernantes se deben al pueblo, no al revés y por ello deben servirlo y administrar sus recursos en función del bien común. Hoy, el pueblo hizo que se cumpliera el juramento que hace el Presidente al tomar posesión del cargo.

Pérez Molina faltó a su palabra y traicionó a Guatemala y a sus instituciones. El pueblo, cansado de décadas de burla, reclamó el derecho que legítima y soberanamente le corresponde. Lo hizo de forma pacífica, ordenada, respondiendo con flores a la provocación de palos y martillos. Hoy, el Presidente debe rendir las cuentas que le son demandadas.

Esperamos que en los próximos días y años, lo que vimos hoy no se olvide nunca. ¡La Historia y el Pueblo juzgan!

 

 

01 de septiembre de 2015, 19:09

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