La poderosa culpa

Una procesión que concurrió con las actividades del 8 de marzo provocó una controversia pública que ha arrastrado al jefe de la Procuraduría de los Derechos Humanos, Jordán Rodas. (Foto: Wilder López/Soy502)

Una procesión que concurrió con las actividades del 8 de marzo provocó una controversia pública que ha arrastrado al jefe de la Procuraduría de los Derechos Humanos, Jordán Rodas. (Foto: Wilder López/Soy502)

Hay dos historias encerradas en la confrontación entre Congreso y Procuraduría de los Derechos Humanos a raíz de la manifestación donde un grupo de mujeres exhibía una imagen que, asemejando a una Virgen católica, retrataba en realidad un órgano sexual femenino. Muchos creyentes han encontrado, con razón añadiría yo, ofensiva y de mal gusto esa estampa.

La historia menos importante es la de coyuntura. Una clara caza de brujas. Una venganza que nada tiene que ver con el hecho. Vendetta política para debilitar a una figura del bando pro Cicig de parte de los anti Cicig.

La excusa reza así. El odiado (por su papel en los días del “Non Grato”)  Procurador Jordán Rodas asiste a una manifestación en homenaje a las niñas muertas en el Hogar Seguro el año pasado.

Uno de los grupos que acude al mismo lugar porta la imagen. El PDH pasa por ahí, le hacen la foto y zas, empieza una campaña que, con la colaboración eficaz de la Conferencia Episcopal (que luego se retracta), se ha mantenido como noticia un inusual número de días.

Varios diputados en el Congreso quieren citar al jefe de la PDH, Jordán Rodas, aquí, el día que fue juramentado en el cargo. (Foto: Wilder López/Soy502)
Varios diputados en el Congreso quieren citar al jefe de la PDH, Jordán Rodas, aquí, el día que fue juramentado en el cargo. (Foto: Wilder López/Soy502)

Esa es la historia de corto plazo, la coyuntural. Entretenidos están los muchachos de la  promoción 108 del Ejército, que después del golpe del 7 de marzo donde eliminaron su influencia en el Estado Mayor, andan liderando la campaña.

Nunca se sabe pero yo diría que pasará y quedará como un capítulo más de esta pugna donde, como casi siempre en los últimos tiempos, el bando anti Cicig se frustrará.

A mí me interesa más la segunda historia porque versa sobre el país que, sumados todos, conformamos. Habla de una sociedad que parece no estar en disposición de discutir, y la poderosa culpa de eso la tenemos todos.

La primera poderosa culpa es la de los grupos progresistas que se empeñan en aislarse de la mayor parte de la conservadora sociedad, provocándola. Por mucha razón que se crea tener, llamar reprimido a alguien no es la mejor manera de sentarlo a la mesa.

La segunda poderosa culpa es la de los que no quieren tratar temas que tienen que ver con nuestra naturaleza humana, y que estarán siempre ahí presentes en nosotros.

No hablar abiertamente de nuestra sexualidad, por ejemplo, solo estanca un agua que más tarde se pudre y huele mal. Los peores abusos se dan en la oscuridad.

Esos temas se pondrán en los próximos años una y otra vez a debate y tendremos tensiones de este tipo para rato.

Jugar a ver quién se  ofende más en un país donde la libertad de expresión debería ser sagrada solo nos hará daño en nuestro proceso hacia una sociedad más moderna y abierta.

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20 de marzo de 2018, 18:03

*Las opiniones publicadas en las columnas son responsabilidad de su autor, no de Soy502
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