El poeta del camión de basura

Los libros abren puertas al conocimiento, a la imaginación y a mundos nuevos. 

Los libros abren puertas al conocimiento, a la imaginación y a mundos nuevos. 

Hay un lugar en las casas para los libros que nunca leemos.

Nuestra cultura de lectura es tan pobre que a ese lugar donde apilamos uno sobre otro libros jamás leídos le llamamos librera en vez de cementerio. Y así es un poco la cosa, es tan común escuchar “yo me acuerdo cuando leí x libro, me encantó, pero no tengo el hábito de la lectura”. El x libro suele ser un libro del colegio y tan-tán: hasta ahí.

La paradoja es que vivimos el tiempo histórico en el que más leemos (y escribimos, que en un sentido muy literario es, básicamente, lo mismo).

Nos la pasamos con la pantalla enfrente y entre estados de Facebook y el timeline de Twitter, seguro leeremos muchas largas horas de nuestra vida contemporánea… sin mayor fruto ni esfuerzo. Pero poco importa el esfuerzo en esto de la lectura, o a lo mejor sí.

Recuerdo una vez un amigo escritor me presentó a otro personaje genial de su maravilloso cartón de lotería de amistades.

Se presenta mi querido Wilson (sí, nos hicimos muy buenos amigos) y me empieza a contar que trabaja en un camión recolector de basura, uno de los oficios muy propios de las grandes ciudades. Wilson vivía en una colonia vecina de uno de los sectores más exclusivos de la ciudad de Guatemala y desde ahí era parte de la flota de varios camiones que recogen la basura en el sector.

Wilson, con un porte metalero y ciertos aires de Jim Morrison tiene un tremendo talento para contar historias y con ese talento cuenta su propia historia. “Un día encontré un libro en el camión y lo abrí, y esa página que leí me cambió la vida” y entonces uno lo ve en su mirada, y cuando dice que un libro le cambió la vida, lo dice muy en serio.

Seguida a esta anécdota el buen Wilson recita de memoria las páginas que leyó en aquella ocasión hace ya varios años, con una memoria deslumbrante une las palabras como quien recita poesía, literalmente, y dice en el fragmento “puesto que hemos nacido para una existencia subterránea y combativa; una y otra vez salimos a la luz, una y otra vez experimentamos la hora áurea del triunfo”, y seguía narrando el fragmento de un filósofo alemán que Wilson encontró en un camión de basura y que a partir de ello lo convirtió en un tremendo lector y en un muy singular poeta urbano.

Wilson va y viene del trabajo del camión. Los libros le han abierto inmensas puertas intelectuales, emocionales, artística. La sociedad le mantiene otro montón de puertas cerradas porque cuando se viene de abajo y se quiere ser libre, los libros son piedras que florecen justo antes de partir una ventana.

La Feria Internacional del Libro en Guatemala, Filgua, estuvo la semana pasada en Forum Majadas zona 11. Los libros lo encuentran a uno, ya nos lo enseñó Wilson. Ojalá hayan ido al encuentro de esas horas doradas de triunfo y hoy estén zambullidos en alguna lectura, algún hallazgo, página a página, para salir de la existencia subterránea, pues, como decían unas pintas memorables de los años 60, no basta con cambiar la historia, hay que cambiar la vida.

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25 de julio de 2017, 18:07

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