¿Queremos personas pensantes o robots?

El sistema educativo promueve que los alumnos se limiten a memorizar las mismas cosas. No los invita a pensar y sobre todo, no los invita a cuestionar. 

El sistema educativo promueve que los alumnos se limiten a memorizar las mismas cosas. No los invita a pensar y sobre todo, no los invita a cuestionar. 

Últimamente me ha interesado mucho la manera de aprender de los seres humanos aprendemos. Luego de terminar mi carrera universitaria en una facultad que prioriza las clases socráticas y la discusión entre los alumnos, se me ha hecho cada vez más evidente la importancia y el valor que hay en las palabras de cada persona.

Más importante aún, me he dado cuenta de que este método impulsa a cada uno a pensar por sí mismo y a no tomar lo que dice el profesor como verdad absoluta e incuestionable. En el aula, ninguna opinión vale más que la otra, lo importante es la calidad de argumentos con que se respalda. Está bien equivocarse y está bien pensar distinto.

Razonar implica mucho más que acumular conocimientos ciegamente. (Foto: Wikimedia).
Razonar implica mucho más que acumular conocimientos ciegamente. (Foto: Wikimedia).

Pero ahora recordando la educación que recibí en el colegio, me frustra pensar que en la etapa más fundamental de nuestro aprendizaje, el sistema educativo pretende que todos los alumnos aprendan lo mismo, saquen buena nota, repitan lo que diga el maestro, no cuestionen, no piensen por sí mismos. En el colegio, cuestionar a un maestro es equivalente a ponérselo en contra. Los números lo dicen todo para los colegios, cuando en la realidad dicen muy poco de la capacidad de cada niño. En lugar de promover la creatividad, la originalidad, el análisis crítico y el individualismo, el sistema educativo actual castiga a quien aprende a un ritmo diferente.

Siempre me ha llamado la atención la cantidad de aptitudes distintas que hay de persona a persona. Ahora que estoy en proceso de buscar trabajo me percato de la cantidad de nichos que tiene el mercado laboral. Hay lugar para los estructurados, para los creativos, para los que piensan distinto, para los que son proactivos y hasta para los que prefieren sólo seguir instrucciones.

Sabemos que el sistema educativo está mal pero se hace demasiado poco para cambiarlo. (Caricatura: Frato, Francisco Tonuci)
Sabemos que el sistema educativo está mal pero se hace demasiado poco para cambiarlo. (Caricatura: Frato, Francisco Tonuci)

 

En el mundo adulto no se espera que todos seamos buenos para todo, sólo se espera que todos seamos buenos para algo. Entonces, ¿por qué de pequeños crecemos con la mentalidad de que tenemos que ser excelentes en todas y cada una de las materias que nos asignan en el colegio? Se nos impone un pensum que el Ministerio de Educación cree adecuado y luego se espera que todos los alumnos lo aprueben al mismo ritmo. Aquel que por alguna razón no se adapta a este escenario, es visto como un “mal alumno”. El sistema está diseñado para desincentivar los errores y equivocaciones. Pero, personalmente, he aprendido muchísimo más de mis errores que de todo lo que he leído en mi vida como estudiante.

Considero que el enfoque de la educación de los colegios y escuelas debería ser uno que fomente el aprendizaje propio, que descubra las aptitudes de cada niño y guiarlo en su proceso educativo fortaleciendo su seguridad en sí mismo, su tolerancia intelectual, su curiosidad, sus destrezas básicas. Son estas las cosas que hacen a las personas exitosas, sin importar el nicho en el que se elija desempeñar sus labores futuras. Sin embargo, esto implica tener maestros capacitados, educados y con vocación; no maestros que se dedican a manifestar por un mejor salario dejando a los alumnos sin recibir la educación que tanto necesitan. 

04 de febrero de 2014, 22:02

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