¿Quién se acuerda de esos muertos?

Hay que tener presentes a los buenos ejemplos en la administración pública, como Juan José Arévalo, aquí al centro de la imagen. (Foto histórica)

Hay que tener presentes a los buenos ejemplos en la administración pública, como Juan José Arévalo, aquí al centro de la imagen. (Foto histórica)

Hoy que celebramos el Día de Todos los Santos es importante que los guatemaltecos recordemos a quienes durante su vida fueran ejemplos de moralidad en nuestra familia y en nuestro país. Es fundamental que lo hagamos para que su legado de valores éticos, democráticos, profesionales y humanos no se pierda.

Necesitamos transmitir su herencia de generación en generación pues el carácter moral de nuestra sociedad se nutre con los buenos ejemplos.

Hoy en día con tanta corrupción y criminalidad, es fácil que nos volvamos escépticos y que no prestemos atención a quienes en su tiempo fueran ejemplos de integridad en nuestra sociedad. Después de todo, un reportaje sobre Juan José Arévalo Bermejo —uno de los mejores presidentes de Guatemala— no tiene tantos “me encanta” o retuits en redes sociales como si lo tiene una primicia sobre el ex binomio presidencial de Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti. 

Sin embargo, es muy importante que pongamos atención a quienes en vida fueran ejemplos de virtud en nuestro país. Al hacerlo tendremos una guía moral en nuestras vidas pues ya lo dijo Aristóteles al ser preguntado por un código moral para vivir: “No puedo darte un código; ve y observa a los mejores y más sabios hombres que puedas e imítalos”.

Aunque parezca que ya no tenemos modelos de ética en nuestra sociedad, solo basta con que recordemos la vida de nuestros abuelos, padres y hermanos que ya partieron y quienes con sus acciones fueron ejemplos de moralidad y arduo trabajo. Es por ello que debemos transmitir a nuestros hijos las historias de sus vidas para que estos aprendan de cómo con su integridad y con su “sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”, como dijo Winston Churchill, nuestros seres queridos contribuyeron el bienestar de nuestra familia y al de nuestro país.

Hoy que recordamos y celebramos a quienes ya se nos adelantaron en el camino hacia el más allá, es vital que nuestros hijos sepan que el adagio que dice que “el poder corrompe” no siempre es cierto. Es muy importante que nuestros hijos sepan que en nuestro país hemos tenido personas que no han sido corrompidas por el poder  —que han tenido el valor moral para resistir las tentaciones del mismo y que se han mantenido firmes en su compromiso por el bien común.

Pongamos atención a quienes fueran en vida ejemplos de moralidad. Es importante que lo hagamos pues su legado de ética nos sirve como guía para definir y hacer lo correcto en nuestras vidas y contribuye a nuestro desarrollo moral y al de nuestros hijos.

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31 de octubre de 2017, 18:10

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