Ellos son los médicos que lograron el primer reimplante de mano

Los doctores Fernando Romero y Juan Carlos González trabajan juntos desde hace cuatro años. Ambos son cirujanos de la mano, son los fundadores y encargados de la Unidad de Mano del hospital Roosevelt. Ahora, comparten el logro que ser responsables del primer reimplante exitoso de mano realizado dentro del sistema de salud pública en Guatemala. 

La tarde del jueves entró a la emergencia del hospital Roosevelt un hombre con la mano cercenada. Sufrió un ataque con un machete que le provocó un corte prolijo. En el centro asistencial lo recibió González, acompañado de enfermeras y médicos residentes.

El acierto de los familiares de colocar la extremidad amputada en una bolsa dentro de hielo, lo que se conoce como cadena de frío, la rapidez del cuerpo de bomberos en trasladar a la víctima y la limpieza del corte, hicieron factible la posibilidad de una reimplantación. Fue entonces que González llamó a su compañero y amigo, el doctor Romero.

González y Romero establecieron la unidad de mano del hospital Roosevelt. (Foto: Camila Chicas Callén/Soy502)
González y Romero establecieron la unidad de mano del hospital Roosevelt. (Foto: Camila Chicas Callén/Soy502)

Hace varios años González y Romero no se conocían, no obstante, ya compartían muchas cosas. Ambos se graduaron de la Universidad de San Carlos, se especializaron en microcirugía reconstructiva y estudiaron en el extranjero. Son jóvenes, tienen 39 y 41 años respectivamente. 

González sacó su especialización en la ciudad de ParÍs, Francia. Se crió en la casa de uno de los miembros de la embajada francesa, en donde trabajaba su madre como auxiliar en las tareas del hogar. Ahí se empapó de la cultura franca y con el tiempo tuvo la oportunidad de estudiar en el Colegio Francés de Cirugía de la Mano. Vivió cinco años en la capital de Francia antes de regresar a Guatemala.

González sacó su especialización en la ciudad de París, Francia. (Foto: Camila Chicas Callén/Soy502)
González sacó su especialización en la ciudad de París, Francia. (Foto: Camila Chicas Callén/Soy502)

Por otro lado, Romero buscó una oportunidad en Estados Unidos y la obtuvo. Ahí estudió un año microcirugía, luego se trasladó a Barcelona, España, a continuar sus estudios en cirugía de mano. Pasó dos años en Europa y volvió a Guatemala.

Un amigo en común los presentó y juntos establecieron la unidad de mano del hospital Roosevelt y una clínica privada para cirugía. En ese lugar se encontraba Romero cuando recibió la llamada de su compañero.

Romero buscó una oportunidad en Estados Unidos y las obtuvo, ahí estudió un año microcirugía. (Foto: Camila Chicas Callén/Soy502)
Romero buscó una oportunidad en Estados Unidos y las obtuvo, ahí estudió un año microcirugía. (Foto: Camila Chicas Callén/Soy502)

El doctor, sin dudarlo, suspendió todas las citas que tenía para ese día y se dirigió al hospital para operar la mano de aquel hombre. Mientras tanto, González y un equipo multidisciplinario prepararon al paciente para la operación.

Por la crisis en el sistema de salud, tuvieron que utilizar herramientas propias, pedir regalado hilo de sutura a otros médicos, y trabajar sin una iluminación adecuada. La operación comenzó a las 5 de la tarde del jueves y termino a las 4:30 de la mañana del día siguiente. Fueron cerca de 12 horas ininterrumpidas de trabajo.

Lo más fácil era decir, no hay, no tenemos, no podemos y la verdad es que justificación para no hacerlo había por todos lados
Fernando Romero
, cirujano de la mano

"El reto era intentar hacerlo. E intentar brindarle algo del primer mundo a un paciente que claramente no tiene los recursos económicos, pero que apeló al sistema de salud pública. Y aunque esté todo mal, lo que no está mal es la actitud de los médicos", asegura Romero. Los médicos pudieron negarse a realizar la operación por la falta de insumos pero decidieron intentarlo y lo hicieron con éxito. 

El paciente ahora se encuentra estable y su pronóstico es muy prometedor. “Actualmente está teniendo todo el apoyo psicológico y hace fisioterapia. En unos meses el resultado va a ser la reinserción del individuo a sus actividades convencionales”, explica González.

No obstante les preocupa que la víctima, ahora con su mano reinsertada, tenga deseos de vengarse de su agresor pues es un conocido suyo. “Nosotros le hemos dicho que la violencia sólo trae más violencia, y que debe perdonar”, concluye Romero.

17 de mayo de 2016, 08:05

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