Réquiem por Gustavito

Gustavito había nacido en Auto Safari Chapín y murió en el Zoológico de San Salvador. (Foto: Archivo)

Gustavito había nacido en Auto Safari Chapín y murió en el Zoológico de San Salvador. (Foto: Archivo)

 

Yo sé que hay temas más importantes que la muerte de Gustavito, el hipopótamo guatemalteco muerto en el zoológico salvadoreño. Sin embargo, la noticia de su ataque consternó a la región y luego a todo el mundo.

Recuerdo que hace unos 30 años también murió un hipopótamo en Guatemala, debido a una irresponsabilidad, ya que una niña (o niño) dejó caer una pelota de plástico, que fue tragada por el mamífero y eso le habrá provocado asfixia o problemas intestinales; no lo recuerdo bien. A lo que voy es que la muerte de Gustavito no debe ser motivo de odios entre guatemaltecos y salvadoreños, tal y como ya apuntan algunos en sus críticas.

En el fondo, quizá esto sea un argumento más para señalar lo inhumano que es un zoológico y que estos deberían ir desapareciendo con el paso del tiempo, cuando los animales salvajes dejen de ser cazados o usados en circos. La opción más aceptada ahora son los santuarios de animales, en donde pueden correr libremente sin sentirse atrapados en un reducido espacio.

Quizá por eso nos tocó tanto: en Auto Safari Chapín, Gustavito corría libre, estaba con su familia y quizá no hubiera percibido nunca que en realidad estaba en Escuintla, y no en África, donde es nativo este herbívoro.

Pero, por alguna razón (económica, quizá), Gustavito tuvo que emigrar y sacrificarse por su familia, tal y como muchos jóvenes centroamericanos tienen que hacerlo al irse a Estados Unidos a trabajar, a pesar de que saben que allá les toca un ambiente hostil, sobre todo ahora que Trump es el mero jefe de la nación.

Uno no se imagina a qué tipo de violencia racial se exponen nuestros migrantes afuera del país, y que sin ningún motivo aparente, los atacan y mueren. Sí, sí, tal y como le pasó a Gustavito, que aún no se sabe muy bien por qué lo apuñalaron.

Y sí, yo sé que aún hay temas más preocupantes en el país, como esas noticias de que andan secuestrando niños y los alejan de su familia, quién sabe para qué, si tráfico de órganos, trata de personas, o algún delito horrible.

Al final de cuentas, todos los papás y mamás andamos preocupados por el bienestar de nuestros hijos. Pero da un no sé qué cuando se entera que Gustavito fue también arrancado del seno familiar para comercializarlo en un zoológico extranjero.

Probablemente las investigaciones de su muerte no avancen y el crimen quede en la impunidad, tal y como quedan impunes tantos delitos en Centroamérica. Quizá, en el fondo, Gustavito representa a todas las víctimas de los problemas sociales de este país tan injusto y por eso nos conmueve tanto.

27 de febrero de 2017, 20:02

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