Resuelto el enigma de las molestas muelas cordales

 La evolución dejó ahí un tercer molar por el cual no somos especiales. (Foto: www.prensalibre.cr)

 La evolución dejó ahí un tercer molar por el cual no somos especiales. (Foto: www.prensalibre.cr)

¿Para qué sirven los últimos dientes de nuestra dentadura? Las muelas cordales salen tarde en la vida, causan molestias, dolor y enriquecen a los dentistas. ¿Porque están ahí?, la respuesta acaba de ser descubierta por científicos australianos: La evolución dejó ahí un tercer molar por el cual no somos especiales.

Los ancestros del Homo Sapiens, los homínidos, tenían un buen tercer molar, era hasta cuatro veces mayor que el nuestro, y con una superficie plana obviamente adaptada para triturar. Que esa obra de la naturaleza se corrompiera hasta producir una muela del juicio nunca se habia entendido muy bien, hasta ahora.

La bióloga del desarrollo Kathryn Kavanagh, de la Universidad de Massachusetts en Dartmouth, propuso en 2007 un modelo teórico del desarrollo de los dientes en los mamíferos. Se basaba en datos obtenidos en ratones, y explicaba sus resultados con un modelo simple de “inhibición en cascada”. Cuando un diente se desarrolla, emite señales activadoras o represoras sobre su alrededores, y la proporción entre ambas señales determina el tamaño de los dientes vecinos.

Uno de los colegas de Kavanagh en aquel trabajo, Alistair Evans, de la Universidad de Monash en Victoria, Australia, encabeza ahora una investigación publicada en Nature donde aquel modelo se extiende a los homínidos. La investigación revela que el modelo de inhibición en cascada de Kavanagh puede explicar la degeneración del tercer molar de los australopitecos hasta la modesta y molesta muela del juicio que abruma al hombre moderno.

Imagen de la calavera de un 'Homo ergaster' de kenia, incluido en el estudio. (Foto: wikimedia.org)
Imagen de la calavera de un 'Homo ergaster' de kenia, incluido en el estudio. (Foto: wikimedia.org)

En los homínidos más primitivos (los más próximos al chimpancé, como los ardipitecos, australopitecos y parantropos) las muelas tienden a crecer más en la parte posterior de la boca, lo que causa el gigantismo del tercer molar, y las proporciones entre unas y otras muelas son constantes, sin que importe el tamaño general de la dentadura en su conjunto.

Pero, hace un par de millones de años, con el surgimiento del género Homo, los tamaños relativos de las muelas empezaron a depender del tamaño total de la dentadura. Eso hizo que la reducción del tamaño total de la dentadura, causara una reducción desproporcionada de la tercera muela.

Esto es la muela cordal explicada por un mecanismo general. Desde un punto de vista dental, hemos dejado de ser víctimas de una evolución maliciosa. Ahora lo somos de la simplicidad matemática.

*Tomado de El País

 

25 de febrero de 2016, 21:02

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