Revoltoso inicio de clases: el desafío de atender la primaria

Atender las necesidades de la escuela primaria es un reto descomunal para el Estado. (Foto: Esteban Biba/Soy502).

Atender las necesidades de la escuela primaria es un reto descomunal para el Estado. (Foto: Esteban Biba/Soy502).

Además de saturar el tráfico a horas pico en la ciudad, este ha sido un inicio de clases especialmente polémico y revoltoso. Vale la pena detenerse un momento y considerar: ¿qué impacto tiene este relajo para el futuro de nuestro país?

El banderazo de salida oficial de este año parece exacerbar, una vez más, ese escozor causado por la miopía que inunda la política guatemalteca. Las tensiones entre el gobierno y el magisterio son resultado de una cadena de compromisos adquiridos, casi unilateralmente, en los que la capacidad presupuestaria pareciera que se esperaba como de procedencia divina.

2.2
millones de niños
Cantidad de niños que debe atender el sistema público en primaria

En medio de este alboroto, al menos 4.4 millones de niños y jóvenes en todo el país esperan retomar la rutina educativa en todo el país, desde preprimaria hasta diversificado. De manera general, podemos considerar un avance que en los últimos 10 años las políticas de expansión de cobertura lograron que 9 de cada 10 niños asistan a primaria. Esto también plantea un enorme reto y resalta un contraste: están inscritos 2.5 millones de niños en primaria, pero solamente 1 de cada 10 asiste a un establecimiento privado. El resto, unos 2.2 millones de niños, debe ser atendido por el sistema nacional.

9 de cada 10 niños inscritos en primaria asisten a una escuela pública. El gobierno tiene la obligación de proveerles lo necesario para una educación de calidad: desde la escuela misma, hasta el maestro, los materiales didácticos y la refacción escolar. (Foto: Esteban Biba/Soy502).
9 de cada 10 niños inscritos en primaria asisten a una escuela pública. El gobierno tiene la obligación de proveerles lo necesario para una educación de calidad: desde la escuela misma, hasta el maestro, los materiales didácticos y la refacción escolar. (Foto: Esteban Biba/Soy502).

La magnitud de ese desafío es abrumadora, sobre todo tomando en cuenta que la educación pública debe ser completamente gratuita. Por ley, las escuelas nacionales operan exclusivamente con fondos públicos. El compromiso del Estado va desde construir la infraestructura educativa y costear su mantenimiento físico, hasta cubrir el salario de los maestros, los materiales didácticos, la refacción escolar y los fondos para los servicios y gastos de cada escuela, para educar con calidad a los 2.2 millones de niños que lo requieren.

Esto nos lleva a un segundo contraste. Aunque se “inició” el ciclo escolar de acuerdo con el calendario oficial, algunos maestros decidieron no llegar. Pese a las aclaraciones de las autoridades, una porción “representativa” de maestros se resiste a iniciar clases en al menos 16  departamentos mientras el Ministerio de Educación (Mineduc) no cuente con los fondos necesarios para cumplir con los compromisos pactados con el sindicato magisterial. ¡Y el Mineduc no los tiene porque para comenzar el Ministerio de Finanzas no sabe de dónde los va a sacar!

Las tensiones entre gobierno y magisterio se deben a una cadena de compromisos adquiridos, casi unilateralmente, donde se asumió que la capacidad presupuestaria sería de origen divino
Mario von Ahn
, investigador

Aquí surgen varias preguntas para evaluar seriamente: ¿Qué pasa entonces si las condiciones económicas o fiscales del país no permiten cumplir con la gratuidad de la educación primaria? ¿Dejaremos que se detenga la esperanza de este país de crecer a través de una educación de calidad? ¿Nos sentaremos a esperar que el Estado “vele” por la educación de calidad que no ha logrado?  No. La educación es una práctica social en la que todos los sectores deben estar involucrados.

Es deprimente sentarse a observar como todo apunta a que una parte del magisterio planea detener la oportunidad de muchos niños de desarrollarse. Lo más preocupante de este escenario es ver alejarse la esperanza de alcanzar a nivel nacional que los niños asistan al menos 180 días de clase.

Por supuesto, la calidad no llega sólo con que los estudiantes estén en las aulas. Es necesario proporcionarles materiales y una alimentación adecuada, además de maestros capacitados, comprometidos y motivados. ¿Cómo lo lograremos? ¡Haciendo de Guatemala un país unido por la Educación!

 

21 de enero de 2014, 20:01

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