Rivalidades fuera de control en las escuelas secundarias

En las protestas estudiantiles, así como en las trifulcas que a veces se dan entre institutos, se acentúan las rivalidades y las alianzas. Aquí se puede ver a los varones en primera fila y atrás, a las mujeres. (Foto: Nuestro Diario).

En las protestas estudiantiles, así como en las trifulcas que a veces se dan entre institutos, se acentúan las rivalidades y las alianzas. Aquí se puede ver a los varones en primera fila y atrás, a las mujeres. (Foto: Nuestro Diario).

Un vistazo a las redes sociales de las estudiantes atacadas frente al Instituto Normal para Señoritas Centroamérica, Inca, pone en evidencia dos hechos preocupantes: la rivalidad fuera de control entre centros educativos y el contacto con pandillas.

El lenguaje que usan estos jóvenes destila violencia. Les advierto que reproduciré algunos comentarios tomados de un grupo de Facebook al cual pertenecían las víctimas. Es probable que algunos de ustedes los encuentren ofensivos, pero los comparto porque llaman a reflexión.

Escribe un muchacho: “el central es reweco inra controlando al putero centralizta ya que son tan wecos que corren atras de la jura alfin putos centraliztas inra encv controlan y belen coronando” (sic).

Las jovencitas no se quedan atrás. Una de ellas publica: “(…) aqi solo CENTRAL controla putas de mierda hahahaha si qieren vergaasos me avisan haha no se aweven ahí les caigo a belen putas ladiadas hahaha (...) y no me anden pidiendo paros culeras!!! INCV x siempre CENTRAL CONTROLA” (sic).

Ese es el tono de las discusiones en los grupos de estudiantes y les aseguro que estas intervenciones no son, ni de lejos, las más violentas, pues abundan las groserías irreproducibles en este espacio.

Los altercados ni siquiera se enfocan en rivalidades deportivas. No se trata de rojos y cremas ni de culés contra madridistas.  Ojalá. 

Los adolescentes intercambian insultos y provocaciones en diálogos donde el único tema es quién controla a quién, quién puede “coronar”, quiénes son miedosos o “ladiados” y quiénes sí saben pelear.

La coordinadora de estudios sobre educación en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Flacso, Aimée Rodríguez --quien ha investigado la violencia en los centros educativos del país-- me explicó que hay rivalidades históricas entre algunos institutos, como la existente entre el Central para Varones y la Escuela de Comercio, pero que a menudo las causas originales ya ni se recuerdan ni importan.

Al salir de clases, los adolescentes suelen reunirse en las afueras de uno u otro establecimiento para desafiar a los rivales.  No tiene que haber entre ellos disputas reales: se atacan unos a otros sólo por portar diferentes uniformes.

Estos jóvenes usan a veces la simbología de las pandillas: pintas grafiteras, gestos que hacen con las manos y el caló del “barrio”.  Ahora bien, ¿quiénes de ellos realmente se han unido a las “maras” y quiénes simplemente adoptan sus formas como pose? Difícil distinguirlo a la distancia.

Lo preocupante es que los estudiantes violentos dominan los centros educativos, donde aterrorizan a maestros y alumnos. Crímenes como el que cobró la vida Karla Daniela Oscal Pérez la semana pasada reducen a la más absoluta impotencia al claustro de maestros. ¿Cómo poner orden en un contexto donde hay sicarios involucrados?

“El gobierno no ha actuado”, dice Rodríguez. “No es garante de los derechos de los jóvenes y tampoco de los profesores.  Ponen patrullas afuera de los establecimientos pero eso ya no sirve, porque el problema no está afuera, sino adentro”.

Es innegable que el país entero vive sometido a una cultura de violencia tan arraigada que la soportamos –y aceptamos—como normal. Es lo usual que en vez de hablarnos nos insultemos y que exijamos soluciones violentas para todo. “¿Dónde está la mano dura?”, no digamos el proverbial “que los maten”.

Hemos respondido a la violencia con más violencia y ahí están los resultados: asesinan a los jóvenes a las puertas de los institutos. Yo diría que es hora de buscar soluciones integrales y sobre todo, diferentes, para sustituir esa cultura de violencia y muerte por el respeto al otro, por la aspiración a la paz, a la vida, a la alegría. Es un reto de todos, no sólo del gobierno. Como bien sabemos, el futuro comenzó ayer y eso es lo que está en juego.

06 de abril de 2014, 22:04

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