El soldado y esa relación disfuncional con el Ejército

Los oficiales del Ejército sufren muchas veces en silencio las situaciones anómalas que ocurren dentro de la institución. (Foto: Jesús Alfonso/Soy502)

Los oficiales del Ejército sufren muchas veces en silencio las situaciones anómalas que ocurren dentro de la institución. (Foto: Jesús Alfonso/Soy502)

Conocí a Carlos en el bar de unos amigos. Carlos siempre estaba ahí: en la puerta, sonriente y ameno, con camisa blanca y pantalón y chumpa negros, con el escudo improvisado de una compañía de seguridad privada bordado en el pecho. 

En realidad prefería que le llamáramos Charly y eventualmente fumaba cigarros con nosotros. Era un buen tipo el Charly.

Una noche de las muchas noches que hablamos nos contó que había sido soldado. Nos contó que había estado en combate y que “gracias a Dios nunca lo habían herido”.

Cuando hablaba del ejército se le iluminaban los ojos de una forma muy particular, le guardaba amor pero también le costaba. Era una relación complicada en la que, al parecer, era la única vez en su vida que el Estado lo había tomado en cuenta, en sus 30 y pico meses de servicio, la única vez en que parecía que él importaba y era parte de algo más grande, cuando menos de un ejército. 

Esa misma noche nos contó que en un centro comercial donde había trabajado había habido una exposición de arte, organizada por los mismos dueños. Nos contó que los organizadores dejaron intencionalmente una pieza en un punto ciego de las cámaras.

Nos contó que “alguien” se robó esa pieza, que los dueños cobraron el seguro, y que le echaron el muerto a uno de sus compañeros guardias. “Durante la guerra nosotros les hicimos el chance a estas gentes, usted, y se las seguimos haciendo”, decía, enojado, mientras señalaba su uniforme. Y ahí se notaba que le dolía algo profundo.

He conocido varios soldados a lo largo de mi vida, como Charly o como Gaspar, el albañil, en Chajul. También he conocido a  algunos oficiales, y pienso que son personas críticas y sensatas. 

Y pienso en el Charly cada vez que el ejército vuelve a traicionar –sí, una y otra y otra vez- a los guatemaltecos en general, y en particular a cada uno de sus miembros que se rajan el lomo ahí dentro para que otro oficial termine en un nuevo acto de corrupción, en un nuevo acto criminal.

No entiendo cómo una institución tan grande basada en “valores” sea una industria de sombras y silencios. Bueno, sí lo entiendo, la historia lo explica, lo que no entiendo es que sea tan poco crítica. ¿Dónde está la vanguardia que pregonan? ¿Dónde, los oficiales sensatos y valientes? ¿Cuándo van a reparar su casa antes de cumplir órdenes del inútil comandante general que les manda a reparar carreteras cuando lo suyo es cuidarnos las fronteras -del narco, por ejemplo-? ¿Se sumarán algún día a una transformación de Guatemala o de verdad, de verdad, lo suyo es nada más obedecer?

Yo, de verdad, no lo creo.

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08 de noviembre de 2017, 04:11

*Las opiniones publicadas en las columnas son responsabilidad de su autor, no de Soy502
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