#TodosSomoselNene o la metáfora de un momento político

El niño está sudando, molesto, bajo el sol de abril.

Se nota que tiene el pelo mojado y no es porque sea temprano y se acabe de bañar. No, tiene la cabeza empapada porque ya son las once de la mañana y el sol cae como plomo sobre los pupitres alineados en el patio.

El chiquito, un alumno de segundo grado de la escuela Darío González de la colonia Primero de Julio de Mixco, tiene la piel enrojecida y la mirada hastiada. 

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Atrás de él, el Presidente de la República, Jimmy Morales, vestido de impecable azul marino, pontifica, micrófono en mano, levantando el dedo índice, como la persona docta y sabia que es.

Por mucho que el mandatario aplique su talento histriónico para contar la fábula de la liebre y la tortuga, el niño no lo escucha ni le da la cara, que se tapa con el suéter rojo del uniforme.

Jimmy Morales quiere que el niño lo mire, incluso se inclina hacia él, gesticula y aguza los ojos para contarle mejor la fábula, pero el niño se niega a regalarle su atención. Está cansado, está aburrido, desesperado por el calor y se nota que quisiera salir corriendo.

Esa foto, captada por Wilder López para Soy502, se hizo viral en redes sociales la semana pasada con la etiqueta #TodosSomoselNene.

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Los niños pueden ser los críticos más despiadados y la imagen del estoico alumno de la escuela Darío González es la metáfora de buena parte del país a pocos días que la administración de Jimmy Morales llegue a sus primeros 100 días.

Igual que el niño, muchos guatemaltecos estamos cansados de esperar que se oculte el candidato y salga el Presidente. Ya no es época de campaña, sino de gobierno.

El tiempo de enunciar buenas intenciones con moralejas, estrofas del himno y juramentos a la bandera ya pasó: es hora de mostrar planes, marcar la ruta, dar el ejemplo y ofrecer resultados.

¿Qué es poco el tiempo para problemas inveterados? Claro que sí, pero los líderes saben hacer la diferencia desde el principio. Así lo hizo, por ejemplo, el papa Francisco al asumir el Pontificado. La Curia romana sigue ahí, así como muchos sus problemas, pero el Papa inició un cambio de rumbo incontestable. Lo mismo consiguió Mauricio Macri en sus primeras dos semanas en la Casa Rosada en Argentina. 

Jimmy Morales, en cambio, nos queda debiendo.

El Presidente podría haber aprovechado su visita a la escuela Darío González para anunciar cuál es el plan en Educación de FCN Nación para el país, más allá de entregar un lote de 100 pupitres.

La sociedad quiere escuchar cuáles son las políticas públicas que permitirán garantizar la cobertura en primaria y secundaria y sobre todo, mejorar la calidad educativa. Y si eso no es posible, al menos cuál va a ser la forma de trabajar con el magisterio.

Saber eso lo agradeceríamos todos y en especial, la directora de la escuela Darío González, Lisette Hernández, quien se quedó con las ganas de mostrarle al presidente Morales las carencias de su centro escolar.

La escuela tiene paredes agrietadas, filtraciones y goteras, ventanas rotas y diversos problemas en el sistema eléctrico, que urge atender. Sí, faltan pupitres para los niños, pero bastante más que eso.

Para encontrar soluciones a las grandes carencias del país no bastan los gestos individuales. Está bien que el presidente incentive a los guatemaltecos a involucrarse y colaborar como mejor puedan. Pero el propósito del gobierno no es ese, sino organizar un abordaje integral y sistematizado de los problemas sociales, con políticas públicas coherentes, que busquen objetivos concretos y medibles.

El niño de la escuela Darío González soportó el sol y el discurso, al borde de la paciencia. Así estamos muchos en Guatemala y al llegar a los primeros 100 días de administración, el presidente Morales debe entenderlo.

Se acabaron las moralejas. Es hora de la seriedad política.

12 de abril de 2016, 08:04

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