El tormento de Pavel Centeno

Los agentes de inteligencia y contra inteligencia de todos los colores políticos están interesados en generar teorías de la conspiración en torno a la muerte del ex ministro, Pavel Centeno. Sin embargo, los reportes preliminares, reiterados de forma oficial, parecen indicar hasta el momento que fue él mismo quien se quitó la vida, en medio de un operativo policial fallido.

En conferencia de prensa, la Fiscal General Thelma Aldana ofreció una investigación exhaustiva para determinar con certeza los hechos que condujeron a la muerte de Centeno. Es necesario que el Ministerio Público aclare qué pasó, con pruebas fehacientes, lo antes posible, pues hay muchas preguntas sin respuesta, en particular, cómo y por qué resulta que el ex ministro tenía otro balazo en el brazo.

Para saber más: Estas son las hipotesis que maneja el MP sobre la muerte de Centeno

Mientras tanto, la versión oficial que salió de la escena del crimen es que el ex ministro atacó a las autoridades y luego se quitó la vida. En un giro del destino absurdo --una mezcla digna de Shakespeare, García Márquez y el guionista de House of Cards-- resulta que el allanamiento no tenía por objetivo a Centeno, sino al gerente general de Bantrab, Ronald García, propietario de la casa donde vivía el ex ministro con su familia. La orden de arresto que acompañaba el allanamiento era para el señor García, acusado de lavado de dinero, al igual que una decena de directores y ejecutivos de esa entidad bancaria.

Lee aquí: Pavel Centeno no tenía orden de captura

Resulta difícil entender por qué el ex ministro Centeno reaccionó con violencia, disparando contra la autoridad y luego contra sí mismo. 

Yo lo conocía muy poco y debo decir que su trato hacia mí fue siempre cordial y respetuoso. 

Sin embargo, también es importante compartir que algunos de sus compañeros de gabinete y colegas del pasado, me indicaron que Centeno podía tener un temperamento volcánico, con reacciones intempestivas e iracundas. Además, luego de la estrepitosa caída del gobierno del PP y ante las acusaciones de corrupción enderezadas contra varios de sus más altos funcionarios, cabe suponer que Centeno, el más imporante responsable financiero de esa gestión, llevaba meses de estar sometido a presiones que podrían haberlo alterado de forma extrema.

El exministro era un economista conocido por su dedicación profesional, pero al menos dos personas que lo trataron de manera cercana en el gobierno del PP me indicaron que no les parecía inverósimil que Centeno hubiera decidido evitar, a toda costa, una eventual captura que supusiera para él una terrible humillación pública.

La investigación exhaustiva que ha prometido el MP debe aclarar los pormenores del incidente, pero hay aspectos que nunca conoceremos con certeza, porque Centeno se los llevó con él. ¿Qué tormento lo consumía? ¿Era la posibilidad de verse sometido a juicio en condiciones especialmente adversas, como sus ex colegas del PP? ¿Quiso evitarle el juicio a su familia? ¿Qué sabía de Otto Pérez Molina, de Roxana Baldetti o de sus financistas? ¿Tenía acaso miedo de revelar lo que sabía? 

Lo que vale la pena señalar es que la angustia que quizá dominó a Centeno en su hora final sea compartida por muchas otras personas con influencia y recursos en Guatemala. 

Mientras los tribunales procesan los casos por corrupción que ya han sido presentados, circulan inagotables rumores acerca del próximo "jueves de CICIG". Los guatemaltecos se preguntan incesantemente si será el de Transurbano, si tocarán a la agroindustria o si le toca al ex ministro de comunicaciones, Alejandro Sinibaldi.

Ese ambiente de miedo e incertidumbre es peligroso, pues no es descabellado pensar que en su desesperación, estos personajes también puedan tomar decisiones tan determinantes como irreversibles, que nos afectan a todos. El ministro de Gobernación debería actuar en consecuencia, pues lo he dicho desde el principio y lo repito una vez más: que buena parte de los señalados por corrupción estén juntos y revueltos en el Mariscal Zavala, con todo el tiempo del mundo para conspirar, es nefasto.

Las autoridades deben tomar en cuenta en sus acciones preventivas que existen intereses oscuros prestos a aprovechar la zozobra, como ya lo vimos con el plan de asesinato fraguado contra la Fiscal General. La pregunta no es si las mafias políticas se van a aliar con los criminales para actuar y reposicionarse, como en su momento lo hizo el capo colombiano Pablo Escobar, la pregunta es cuándo y cómo lo van a hacer. 

Dado que Centeno fue ministro de Finanzas en el gobierno del Partido Patriota –y su trabajo era precisamente conocer los movimientos de dinero en la administración--  es entendible que estuviera preocupado por lo que está sucediendo en tribunales.

Su muerte trágica --innecesaria y absurda—nos muestra hasta qué punto la política en Guatemala puede convertirse en un infierno personal, donde las decisiones pueden significar, literalmente, la muerte real o civil.

La esperanza es que el proceso iniciado el año pasado nos lleve a reformas legales, institucionales y sobre todo culturales, que permitan desterrar ese vórtice lleno de sombras y trampas que acabó por consumir al ex ministro Pavel Centeno y que nos amenaza a todos.

31 de octubre de 2016, 12:10

cerrar