Trumpada al medio ambiente

El Papa le entregó a Trump una copia de su encíclica sobre el medio ambiente. (Foto: AFP) 

El Papa le entregó a Trump una copia de su encíclica sobre el medio ambiente. (Foto: AFP) 

Una de las promesas de campaña de Donald Trump que más inquietaron al mundo estaba vinculada con la Ciudad Luz. Porque fue precisamente en París, el 12 de diciembre de 2015, luego de múltiples rondas de pláticas y años de negociaciones detrás de bambalinas, donde 195 países alcanzaron los consensos necesarios para, entre todos, empezar a mitigar los efectos del cambio climático. Hasta entonces, los Acuerdos de París parecían ir viento en popa.

Quien acaparó todos los titulares en aquella fecha fue el gobierno de Estados Unidos. La administración de Barack Obama había decidido cambiar el rumbo de los gobiernos de sus antecesores, que se negaron en 1997 a aceptar el protocolo adoptado en Kyoto, Japón, y decidía formar parte de la comunidad de naciones preocupadas por sortear las dificultades que representan, para el resto de planeta, las excesivas emisiones de dióxido de carbono.  

Trump ofreció durante su campaña retirarse del Acuerdo de París, del mismo modo en que se comprometió a construir un muro en la frontera con México, eliminar el Obamacare o reducir el pago de impuestos. Según parece, Washington está lista para cumplir con no honrar el pacto relacionado con el cambio climático, fenómeno científico en el que el mandatario no cree. Y aunque asegura que dará a conocer su decisión “en los próximos días”, la mayoría de observadores lo da como un hecho.

Así las cosas, tres países quedarían fuera de este acuerdo mundial: Siria, Nicaragua y Estados Unidos (el segundo emisor más importante de gases que provocan el efecto invernadero, después de China). Se confirmarían además los temores de los líderes del G-7 que le solicitaron reconsiderar su postura a su paso por Italia, como también lo hizo el Papa Francisco, quien le obsequió una copia de la encíclica “Laudato Si” en la que el Santo Padre pide enfrentar el cambio climático para proteger a las poblaciones más vulnerables, como la nuestra.

Para Estados Unidos, cumplir con el compromiso de rebajar las emisiones entre un 26% y 28% antes de 2025 respecto de los niveles del 2005, como lo prometió Obama, representaba una gran inversión y reacomodos en diversas industrias. Trump ha argumentado que, al dejar de lado las obligaciones contraídas, podrá generar más empleos en la región de los Apalaches y revitalizar a la industria del carbón.

Expertos de distintas disciplinas opinan que las consecuencias no compensarán, ni por asomo, lo que pueda ganarse en materia laboral. Ahora bien, esta salida no tendría por qué ser el fin del sueño de un planeta más sano. Lo que queda ahora es dotar de mayor voluntad a los 192 países restantes y hacer todo lo posible para evitar las trágicas consecuencias que podrán venir si nos quedamos de brazos cruzados. Es un lujo que el resto del mundo no puede darse. En realidad, ni siquiera Trump debería poder dárselo. Lo malo es que, al parecer, no lo entiende.

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01 de junio de 2017, 05:06

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