Trumpadas y más trumpadas

Foto de archivo del aspirante a la candidatura republicana a la Presidencia de Estados Unidos, Donald Trump, durante un discurso en el foro de la Coalisión Judía en Washington. (Foto: Saul Loeb/AFP)

Foto de archivo del aspirante a la candidatura republicana a la Presidencia de Estados Unidos, Donald Trump, durante un discurso en el foro de la Coalisión Judía en Washington. (Foto: Saul Loeb/AFP)

Cuando el excéntrico millonario Donald Trump decidió lanzarse al ruedo político lo consideré una extravagancia más. Nunca creí que el establishment estadounidense tomaría en serio a una persona que aseguró, sin una pizca de prueba, que Barack Obama había nacido en Kenia y que, por tanto, no podía ser presidente de su país, o cuya fama derivaba de gritar: “¡Está despedido!” al final de cada capítulo de uno de los tantos “realities” que nunca tuve el gusto de sintonizar.

Pero Trump se postuló como precandidato republicano, y de la peor manera posible: despotricando contra todos los nacidos al sur del Río Grande. Nos llamó violadores, delincuentes y criminales. Se bien que dijo “mexicanos”, pero me lo tomé personal. Y me sentí particularmente insultada cuando vetó al periodista Jorge Ramos de una conferencia de prensa que era pública. O cuando se burló de la discapacidad física del reportero Serge Kovaleski de The New York Times.

Esta semana, Trump salió con otra más. Una propuesta, de la cual no está dispuesto a retractarse, que plasma su brillante idea de vetarle la entrada a todos los musulmanes que deseen ingresar a Estados Unidos. ¿La razón? Dos fanáticos que le juraron lealtad al Estado Islámico provocaron una matanza en su país. “No podemos ser víctimas”, afirmó “de ataques horrorosos de personas que solo creen en la jihad y no respetan la vida”. ¿Sabrá que el 23 por ciento de todos los habitantes de este planeta profesa la religión del Islam y, que, además, esta es la Fe de mayor crecimiento en la Tierra? Estamos hablando de 1.6 millardos de personas. ¿Cuántos de ellos serán potenciales terroristas? ¿El 0.00000001 por ciento? 

Aunque las declaraciones anti latinas generaron rechazo en su momento, las reacciones negativas por esta trumpada han alcanzado nuevas dimensiones. La escritora J.K. Rowling, en su cuenta de Twitter, aseguró: “Qué horrible. Voldemort nunca fue tan malo”. Presidentes y jefes de Estado de varios países se unieron al coro iniciado desde la Casa Blanca cuando el portavoz Josh Earnest afirmó que lo dicho por el precandidato, “lo descalifica para servir como presidente”. Hasta dentro de su bando aparecieron críticas. Carly Fiorina, la única republicana que se postula a la nominación reaccionó así: “Este es el regalo de Navidad de Hillary Clinton, envuelto y colocado debajo del árbol”. 

A Voldemort le tuve miedo. Al odio le tengo terror. Y lo que más me preocupa es que las trumpadas sean vistas con simpatía por algunos. O por muchos. Aún no se conoce el impacto que tendrá en las encuestas este nuevo balde de agua fría que lanza Trump, pero, hasta hace poco, era el favorito entre los republicanos, a pesar de su discurso anti latino, anti chino y anti discapacidades físicas. ¿Qué opinarán los electores esta vez?  

A mí no me cabe la menor duda de que Estados Unidos es una gran nación. La vasta mayoría de sus habitantes son personas decentes, trabajadoras, inteligentes y solidarias. Sería lamentable que un desquiciado, fanático y mentiroso, ocupara la silla que en su momento llenó Abraham Lincoln. Aquel republicano que estuvo dispuesto a ir una guerra para evitar que el desprecio hacia un grupo de seres humanos ganara la partida. 

10 de diciembre de 2015, 16:12

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