Un hipotético aeropuerto privado y un problema muy real de lo público

¿Qué pasaría si alguien tuviera la idea de invertir en un aeropuerto privado? ¿Qué obstáculos encontraría? (Foto: Nuestro Diario).

¿Qué pasaría si alguien tuviera la idea de invertir en un aeropuerto privado? ¿Qué obstáculos encontraría? (Foto: Nuestro Diario).

Un pensamiento al aire en las redes sociales puede resultar en una interesante reflexión. 

Hace unos días me preguntaba qué pasaría si un par de locos se decidieran a construir un aeropuerto privado en Guatemala: uno internacional y de clase mundial. 

Unos decían que sería una inversión demasiado grande para que lo hicieran los privados. Ese argumento no me lo creo, pues he visto a lo largo de la historia que gente hace inversiones impensables por razones extrañas. Venir a América o construir un ferrocarril de Nueva York a San Francisco, por ejemplo. Otras inversiones sin retorno visible, como algunos museos en Estados Unidos o bien los edificios Empire State y Chrysler, que no cumplen per se ningún fin por sí mismos. 

Cuando las inversiones son privadas, el fracaso lo deberían pagar los privados. Cuando son públicas, los fracasos los pagamos todos. (Foto: Nuestro Diario).
Cuando las inversiones son privadas, el fracaso lo deberían pagar los privados. Cuando son públicas, los fracasos los pagamos todos. (Foto: Nuestro Diario).

Sólo imaginemos que saltamos dicho problema y se inicia la construcción. Los primeros problemas serían la serie de permisos gubernamentales a obtener. Que el impacto ambiental, la licencia de construcción, los permisos de aeronáutica, aduanas, permisos militares... Siga imaginando. Digamos que lo salvamos. 

Se construye. Pueden pasar varias cosas una vez construido. 

1. Es un rotundo éxito y vienen muchísimos nuevos aviones y líneas aéreas a Guatemala. Eso, claro está, si las visas, permisos de aeronáutica para las líneas aéreas, infraestructura para atención al turista, seguridad y demás es adecuado. 

2. Es un total fracaso.

3. Causa daños ambientales, como ruido excesivo, distorsión en rutas de aves o causes de ríos...

En el primer caso, logramos elevar el nivel de vida, no de los inversionistas, sino de todos aquellos que participaron en la construcción y luego del nuevo flujo de viajeros que llega al país. Probablemente se construyen hoteles, transporte público, hasta seguridad especial para turistas. 

En los otros dos casos, por ser una inversión con nombre y apellido, basta con acceder a jueces de la justicia ordinaria para cerrar y hasta demoler el lugar, así como buscar indemnizaciones para corregir los daños causados. Claro, si las reglas son claras y los tribunales capaces de atender técnicamente el problema. 

Ahora bien, si la inversión fuere pública, gubernamental, si resulta en un gran fracaso, terminaremos pagando todos lo mismo. Para cubrir las pérdidas, se usará el presupuesto, es decir, los impuestos. Si se causaron daños, se usará el presupuesto para pagarlos. Si los quiere cobrar un particular, deberá litigar contra el poder público para obtenerlo y puede ser que allí, no impere la justicia, sino la política. 

Si fue un éxito, de todas maneras, siempre estará la duda si los contratistas fueron honestos en los precios cobrados...

¿Ve el problema de lo público?

03 de marzo de 2014, 19:03

cerrar