Urge un espacio de concertación

Desde el mes de abril Guatemala vive un quiebre. Ninguna predicción podría haber anticipado que la articulación de factores generaría un timing perfecto para lo que hoy vivimos.  Frente al destape que se ha venido generando del corrupto e ineficiente sistema político que veníamos padeciendo, el momento es para construir futuro.

Si bien la mayor atención se centra en lo que vaya ocurrir a Otto Pérez y Roxana Baldetti, y otra gran parte de la misma atiende al ya nada ansiado 6 de septiembre, hay algo que no podemos dejar de lado: este es el mejor momento y la mejor oportunidad para enderezar el rumbo de Guatemala que se ha gestado desde la firma del Acuerdo de Paz Firme y Duradera. En este momento todo puede pasar, por ello nuestras apuestas y ansias deben confabular para alcanzar el mejor resultado posible.

Hay factores que nos detienen, y es por eso que se hace indispensable atenderlos. Desde que estalló la crisis el único punto de encuentro alcanzado por la diversidad y pluralidad de actores legítimos es: la lucha contra la corrupción. En sí este es un punto de encuentro débil, deficiente y distorsionador, porque las fugaces circunstancias que nos llevan alinearnos “en contra” si no trazan lazos de confianza más profundos imposibilitan mantenernos asociados “a favor” de algo en el futuro. En un esquema como ese, después de la inminente caída o salida del Presidente los actores diversos regresaran a sus posturas diversas y otros personajes iguales o peores ocuparan los lugares de los Ottos y las Roxanas.

Este no es el momento de permanecer unidos sólo en contra de la corrupción, es el momento de generar unión a favor del futuro y sacudir los cimientos de esta sociedad. Se necesita trazar puentes, generar diálogo, encuentro y humanización. Detrás de ambos polos de las posturas radicales y extremas, siempre que sean legítimas, subyace el común denominador del anhelo de bienestar, de felicitad, de consagración o garantía de libertades (colectivas y/o individuales). Eso nos hace diversos y la diversidad nos hace posibles.

Esa diversidad no articulada necesita de concertación. No vamos a estar de acuerdo en todo, pero no podes permanecer en desacuerdo en lo esencial. La concertación puede y debería surgir a partir de ciertos mínimos atemporales y fundamentales que construyan el primer cimiento de confianza entre actores históricamente opuestos o confrontados. Así propongo cinco puntos básicos de concertación que permitirían trazar un mejor futuro:

1)     Que la Constitución Política de República “no pierde su validez y vigencia pese a cualquier interrupción temporal derivada de situaciones de fuerza”, y cualquier interés por reformarla atenderá a los artículos 278, 280 y 281 de la misma.

2)     Reconocer la necesidad urgente de alcanzar reformas profundas a nuestro sistema político y electoral que fortalezcan el régimen democrático republicano.

3)     Reconocer la urgencia de transformar y mejorar la representación derivada del Congreso de la República a partir del cambio de su sistema de elección.

4)     Reconocer la necesidad urgente de mejorar la capacidad de recaudación tributaria del Estado, eliminando la ausencia de transparencia y simplificando los mecanismos de recaudación.

5)     Aceptar la necesidad urgente de reducir las grandes brechas de inequidad que perpetúan los ciclos de pobreza, y promueven el clientelismo, la corrupción y la inestabilidad social.

Alguien pensará que no es tan urgente esto como abordar temáticas como: a) posible gobierno de transición; b) suspensión o no de elecciones; c) cancelación de partidos políticos; d) respeto de los resultados electorales; e) voto nulo, voto en blanco o abstencionismo; entre otros, pero lo cierto es que es al contrario. Si pudiésemos aceptar la ruta de temáticas clave y acuerdos concertados, todos los temas coyunturales encontraran los mecanismos políticos y jurídicos para resolverse.

Esta sociedad necesita confianza, confianza en que hay reglas mínimas. Eso va más allá de celebrar o no elecciones, se trata de confianza en  que aunque jugamos con distintas camisolas, estamos en el mismo juego y aunque haya malos árbitros, el juego seguirá sin que nadie pinche el balón.

Es momento de construir futuro, de sanar de una vez por todas este presente confuso, y para ello este fantoche debe caer/salir y caerá/saldrá. Así que mientras aceleramos esa salida aprovechemos para trazar lazos más fuertes que no se unan sólo en contra de Otto Pérez y compañía, sino que en el camino nos unamos a favor de Guatemala. Caminemos de una vez por todas hacia un mejor futuro: sin miedo y sin violencia. “A ver…a ver… ¿Quién lleva la batuta: el pueblo organizado o el gobierno hijo de puta?”

26 de agosto de 2015, 23:08

*Las opiniones publicadas en las columnas son responsabilidad de su autor, no de Soy502
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