La vergüenza de ser extraditable

La ex vicepresidenta Roxana Baldetti enfrenta ahora un proceso de extradición. (Foto: Soy502/Wilder López)

La ex vicepresidenta Roxana Baldetti enfrenta ahora un proceso de extradición. (Foto: Soy502/Wilder López)

Roxana Baldetti está indispuesta. Su abogado defensor, Gustavo Juárez, ha dicho que por sufrir quebrantos de salud, no puede presentarse a la audiencia donde el Tribunal Quinto de Sentencia Penal le dará a conocer por qué Estados Unidos solicita su extradición. 

¿Sabe usted cuántos mandatarios o vice mandatarios han estado en semejante brete? Cuatro: dos de Guatemala y dos de Panamá.

Alfonso Portillo, en 2013, fue acusado de recibir sobornos que ingresaron a bancos estadounidenses, por lo que estuvo recluido 70 meses en prisión. Al recién fallecido Manuel Antonio Noriega lo extraditaron de una cárcel estadounidense a una francesa para terminar sus días en una de Panamá. 

Ricardo Martinelli, detenido esta semana en Miami, es requerido en su país por corrupción y espionaje. Rafael Callejas, ex presidente de Honduras, se libró del proceso al entregarse a las autoridades neoyorquinas por el caso FIFA. Slobodan Milosevic también se lo ahorró al hacer lo mismo en Belgrado. Y aunque pesa una orden de captura internacional sobre Omar al Bashir, de Sudán, ni su país ni la Unión Africana están dispuestos a entregarlo a la Corte Penal Internacional. 

La lista de personas extraditadas hacia Estados Unidos en los últimos años incluye a narcotraficantes mexicanos (Joaquín “El Chapo” Guzmán, Sandra Ávila Beltrán, "La Reina del Pacífico"), capos de la droga de Colombia (Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela), corruptos y otras linduras similares.

No es, por tanto, un motivo de orgullo patrio que a Baldetti pidan procesarla por estar presuntamente asociada con el cártel de los Zetas y que todo parezca indicar que, además de diseñar estructuras complejas con miras a saquear el erario nacional, haya puesto en peligro las fronteras de este país y a sus propios ciudadanos.   

El expediente indica que la vicepresidenta podría haberse “vinculado con traficantes de cocaína en 2010” y que los nexos se mantuvieron hasta 2015, cuando, obligada, renunció. Su cargo, valga mencionarlo, incluía dentro de sus atribuciones, la responsabilidad directa de la Secretaría Ejecutiva de la Comisión contra las Adicciones y el Tráfico Ilícito de Drogas, Seccatid. Supongo que la palabra “ironía” se acuñó para este tipo de circunstancias. 

Es poco probable, según expertos legales consultados desde que se conoció de las intenciones que tiene la Corte de Distrito de Columbia de procesar a Baldetti por “asociación delictuosa y conspiración para el tráfico de drogas”, que la ex funcionaria aborde un avión en un futuro próximo.

Están quienes especulan que la fecha de su arribo a Washington, D.C., podría darse en algunas décadas, cuando, de ser condenada en Guatemala, purgue por su responsabilidad en los casos La Línea, La Cooperacha y la Agüita Mágica del Lago de Amatitlán.

Pero la petición es, como dice la sabiduría popular, una mancha más para el tigre. Una que trasciende fronteras y nos demuestra el enorme camino que tenemos que recorrer para rescatar a la clase política de Guatemala.

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16 de junio de 2017, 05:06

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