Radiografía del nuevo Cambray: así viven ahora los afectados

Los pinos que rodean la colonia Mi Querida Familia, el nuevo hogar desde hace poco más de un mes de los sobrevivientes de la tragedia de El Cambray II, se impregnan de frío cada amanecer. La antigua finca de "El Taquero" se encuentra cubierta de niebla y poco a poco los vecinos comienzan su día con la esperanza de que el sol comience a calentar el área.

El portón se abre continuamente y los vecinos salen de la colonia, sobre todo cuando el reloj marca las horas en punto, cuando el autobús los acerca hasta San José Pinula o hasta la capital. Otros, como Melina Hidalgo, en cambio, se quedan en su casa haciendo oficio y cuidando de sus tres hijos, sobre todo de los dos más pequeños, pues el otro ya es mayor de edad.

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Mientras su esposo sale a trabajar, se acerca a una de las cinco tiendas que ya hay en la colonia, en concreto a la de doña Catalina del Rosario, que le queda más cerca, para comprar las tortillas para el desayuno.

Desde la calle La Amistad relata cómo es su día a día. "Llevo a mis hijos a la escuela, regreso, lavo los trastes y la ropa (...) al mediodía regreso por ellos a la escuela, preparo la comida...", cuenta desde la mesa del comedor.

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Pero las tiendas no son lo único que ha proliferado durante las primeras semanas que la colonia lleva habitada. También se encuentra un distribuidor de gas, una iglesia y se espera que el hombre de mantenimiento que contrataron repare y limpie la piscina que tenía la finca.

"Algunas empresas traen comida hasta aquí", comenta Melina haciendo énfasis en la lejanía de la colonia.

Pero ese no es un problema solo para las empresas de reparto. Los vecinos pagan un quetzal de pasaje hasta la carretera principal, tres hasta San José Pinula y hasta ocho para acercarse a la capital. Además, si necesitan regresar a la colonia después de las 7 de la noche, tienen que pagar un mototaxi que les llega a cobrar hasta 25 quetzales y que a veces no los quiere acercar porque es un camino muy oscuro. 

Los autobuses esperan tras el portón de la colonia. (Foto: Jesús Alfonso/Soy502)
Los autobuses esperan tras el portón de la colonia. (Foto: Jesús Alfonso/Soy502)

"Y no siempre pasan los busitos", dice Clara Luz, la mamá de Melina, quien ese día fue a visitarla y utiliza este tipo de transporte para llegar.

Donde tuvieron suerte fue en el camino hacia la escuela El Tular, donde se inscribió la mayoría de los niños de Querida Familia, ya que consiguieron un atajo atravesando una finca privada y así recortan el tiempo y el peligro en sus viajes. De la otra forma, tenían que acceder a la ruta principal hacia Mataquescuintla.

Los menores atraviesan una finca privada para llegar antes a la escuela. (Foto: Jesús Alfonso/Soy502)
Los menores atraviesan una finca privada para llegar antes a la escuela. (Foto: Jesús Alfonso/Soy502)

Aún así, tardan como mínimo 30 minutos y en uno de los tramos sus siluetas se pierden entre el polvo que levantan los vehículos que pasan a gran velocidad.

Sinfonía de alegría

Después de un paseo por la colonia, donde se comprueba cómo algunos de sus vecinos ya comenzaron a hacer obra en sus casas, la música inunda la casa de Melina. Su madre toca el órgano alegremente en una de las habitaciones, mientras tanto, ella comienza a enseñar con orgullo su casa y a explicar cómo hicieron el reparto de las habitaciones y las donaciones que les entregaron (camas, ecofiltros y otros enseres).

El resultado es muy diferente a cómo describe la "champita" que tenía en El Cambray II, justo unos metros después de donde cayeron las rocas, piedras y árboles durante el deslave del pasado 1 de octubre de 2015.

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Ahora sí, la alegría inunda a la familia Hidalgo, que ha visto una mejora en su calidad de vida en los últimos dos años. Incluso su felicidad es tal que apenas se preocupa porque la ducha que le entregaron no funciona.

"Esta arena les sale a varios vecinos", lamenta mientras que con un artilugio fabricado con un alambre y una cuchara intenta quitar la arena que tapona el desagüe.

Algunos vecinos ya empezaron a hacer modificaciones a las casas. (Foto: Jesús Alfonso/Soy502)
Algunos vecinos ya empezaron a hacer modificaciones a las casas. (Foto: Jesús Alfonso/Soy502)

Melina comenta que algunos vecinos han pagado 150 quetzales para su reparación, pero, mientras reúnen ese dinero, ella y su familia continúan bañándose en la pila ubicada en la parte trasera de la casa.

Este pago sería adicional a su gasto mensual. Por ejemplo, para estas primeras semanas, la familia gastó 25 quetzales en luz, 30 en el canon de la bomba de agua, 19 quetzales de ahorro para un futuro fallo de esa bomba, 40 quetzales de mantenimiento de la comunidad y 30 quetzales de recogida de basura a la municipalidad.

La seguridad que divide al Cambray

Para entrar a la colonia necesitas que alguien de dentro abra el portón. Aunque se espera que en un futuro algún trabajador ocupe la garita que dejaron construida.

Eso supondría un gasto adicional para las familias, pero la constante vigilancia dejaría más tranquilos a muchos vecinos que ya han vivido algunos escenarios de intranquilidad.

Por ahora nadie está trabajando en la garita de entrada. (Foto: Jesús Alfonso/Soy502)
Por ahora nadie está trabajando en la garita de entrada. (Foto: Jesús Alfonso/Soy502)

Uno de ellos es el caso de Elsa Secaida, quien de la noche a la mañana se quedó sin una de sus paletas en los vidrios de la sala porque alguien se la robó.

Los vecinos tienen la disputa entre los que viven y los que no. Están en busca de una solución intermedia como que los que no viven paguen menos, pero aún no han llegado a un consenso.

15 de marzo de 2018, 05:03

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