Vivir bajo la lluvia

Los peatones deben cubrirse del agua que salpican los automóviles. (Foto: Wilder López/Archivo Soy502)

Los peatones deben cubrirse del agua que salpican los automóviles. (Foto: Wilder López/Archivo Soy502)

Ha empezado el invierno. La lluvia deja brillando el asfalto y la luz es tenue, los cielos grises tienen una extraña sed de sol que apenas entendemos quienes quedamos debajo, grises también, mojados también, los que nos vemos reflejados en los charcos mientras caminamos.

Peatones y automovilistas se enfrentan al inicio del invierno. (Foto: Jesús Alfonso/Archivo Soy502)
Peatones y automovilistas se enfrentan al inicio del invierno. (Foto: Jesús Alfonso/Archivo Soy502)

El tráfico se vuelve lento, el calor en los carros aumenta y vuelve a aparecer el viejo hábito de limpiar el windshield con el anverso de la mano.

Todo se ve borroso, cuando llueve. (Foto: Wilder López/Archivo Soy502)
Todo se ve borroso, cuando llueve. (Foto: Wilder López/Archivo Soy502)

Lo que está al otro lado de la ventana son figuras extrañas reinventadas por el efecto óptico de la lluvia, nos vemos borrosos, somos figuras que se decantan sobre las ventanas como si camináramos también en el reflejo de la luz.

El inicio del invierno también provoca atascos. (Foto: Wilder López/Archivo Soy502)
El inicio del invierno también provoca atascos. (Foto: Wilder López/Archivo Soy502)

Así la lluvia, la materia elemental de la vida. Se acuerdan de los miles de guatemaltecas y guatemaltecos que caminaron desde los cuatro puntos cardinales, nada más para entrar en pleno a la ciudad a recordarnos que el agua es la vida y que exigimos una ley que la proteja, porque sí, parece que cae del cielo, pero no, solo se levanta de la tierra para volver a ella.

Así la lluvia, para los que caminamos nos convertimos en un cuerpo empapado, salpicado cuando algún carro cae en alguno de los infinitos baches de la ciudad, o cuando ya de plano malatazas aceleran en vez de bajar la velocidad. La lluvia es el camino gris de los que todos los días salimos a trabajar por un camino verde,  me explico.

El agua sale disparada bajo los autos. (Foto: Wilder López/Soy502)
El agua sale disparada bajo los autos. (Foto: Wilder López/Soy502)

A ver, deténganse un segundo, han visto crecer el monte en los lugares más inesperados de las calles, ahí pequeñas plantitas partiendo las aceras, dientes de león creciéndole a los postes, hojas diminutas que llenan los recovecos de la tierra, es un verdadero acto de resistencia ser verde entre el cemento.

La vida se impone, es así.  Pero tiene su propia fuerza, lo atestiguan los árboles que sobreviven al tiempo y al aburguesamiento, y también las inundaciones en las calles, el colapso de una ciudad que está colapsada desde dentro, desde el corazón digamos. Y sin embargo es la fuerza del reflejo del agua sobre el asfalto la que nos hace pensar y sentir la lluvia de otra manera.

La lluvia que martilla el cemento es anuncio de vida. (Foto: Esteban Biba/Archivo Soy502)
La lluvia que martilla el cemento es anuncio de vida. (Foto: Esteban Biba/Archivo Soy502)

La lluvia que empieza a caer sobre la ciudad es la garantía de que vamos a poder seguir acá, con vida, por algún tiempo más, y eso no es poca cosa. 

Quizá lava las penas la lluvia, quizá se lleva el dolor la lluvia, quizá en su fuerza natural de renacimiento nos reinventa a nosotros también. No es fácil vivir en esta ciudad, no es fácil vivir en este tiempo, y por eso también esperábamos tanto la lluvia: para que nos traiga de vuelta la vida, para que nos crezcan plantas en las grietas.

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*Las opiniones publicadas en las columnas son responsabilidad de su autor, no de Soy502

16 de mayo de 2017, 05:05

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