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"Eco" y Monzón: los dos delatores de La Línea

  • Por Dina Fernández
11 de octubre de 2015, 20:10
Juan Carlos Monzón Rojas y Salvador Estuardo González Álvarez "Eco" son amigos de la infancia y ahora compartirán celda en la cárcel Pavoncito; ambos podrían convertirse en colaboradores eficaces del MP. (Foto: Soy502) 

Juan Carlos Monzón Rojas y Salvador Estuardo González Álvarez "Eco" son amigos de la infancia y ahora compartirán celda en la cárcel Pavoncito; ambos podrían convertirse en colaboradores eficaces del MP. (Foto: Soy502) 

En un giro inverosímil de los acontecimientos, de esos que sólo ocurren en Guatemala, resulta que los delatores de la red de defraudación aduanera conocida como “La Línea”, Salvador Estuardo González y Juan Carlos Monzón, están ahora juntos, en la sección de aislamiento de Pavoncito.

Por razones de seguridad, dijo el juez Miguel Ángel Gálvez, ambos estarán mejor ahí. Afortunadamente, añadió el “honorable juzgador”, los dos gestores de la ex pareja presidencial eran amigos de infancia. Pues cuanto mejor, entonces no habrá problema.

¿No habrá problema? Quizá no se vayan a las manos por simple antipatía el uno contra el otro, pero ese es el único riesgo que evita la decisión del juez Gálvez.

Y ni siquiera, porque entre dos personas que literalmente se están jugando la vida en este proceso, ya no cabe la amistad. Su relación misma se ha convertido en una especie de duelo, donde priva la desconfianza y donde el único objetivo es sobrevivir, ellos y sus familias. 

Estuardo González alias ECO, entregó los cheques de las ganancias de La Línea a la ex vicepresidenta Baldetti, según la Cicig y MP. (Foto: Archivo/Soy502)
Estuardo González alias ECO, entregó los cheques de las ganancias de La Línea a la ex vicepresidenta Baldetti, según la Cicig y MP. (Foto: Archivo/Soy502)

Que “Eco” y Monzón estén detenidos en la misma área del mismo penal, donde pueden comunicarse, es un error. Sería impensable que esta situación se diera en cualquier parte del mundo donde se respete el proceso penal.

Estos dos personajes no deberían verse ni hablarse. No deberían tener jamás la oportunidad de conversar y ponerse de acuerdo en la versión que pueden ofrecer ante los tribunales, con el ánimo de beneficiarse a sí mismos.

Para incentivarlos a decir la verdad, deberían estar separados y dudar uno del otro de lo que puedan decir en el proceso.

Hasta ahora, Estuardo González, “Eco”, es quien ha parecido más sincero. No buscó justificarse, ni presentar excusas, ni pedir lástima. Tampoco fue arrogante ni se vanaglorió de su participación en los negocios de Otto Pérez y Roxana Baldetti. Su exposición fue clara y consistente y su oferta de aportar más detalles, creíble.

¿Se mantendrá “Eco” de esa manera en su próxima declaración? ¿Qué tal si Monzón se dedica a amenazarlo por lo que puede o no decir? No sabemos exactamente hasta dónde llegan los vínculos entre ambos hombres ni sospechamos la capacidad que puedan tener de manipularse el uno al otro, con chantajes concretos o emocionales.

En especial porque Monzón no parecería un compañero de fiar ni para ir a misa, menos para compartir celda.

El ex secretario privado de Baldetti parece un maestro del engaño y la traición. En su declaración, lejos de generar confianza, se mostró como una persona oblicua y opaca, capaz de urdir versiones confusas y falsas, con apariencia lógica. 

El lenguaje corporal de Monzón levantó dudas y sospechas en el proceso. (Foto: Wilder López/Soy502).
El lenguaje corporal de Monzón levantó dudas y sospechas en el proceso. (Foto: Wilder López/Soy502).

El lenguaje corporal de Monzón reflejó su talento para la duplicidad: por momentos se mostraba nervioso, obsesionado con arrancarse los pellejos de las uñas, pero por ratos se tiraba sonoras y desafiantes carcajadas, como si tuviera aún la certeza de que los poderes de las sombras lo ayudarán a salir bien librado del proceso.

Por la forma ambigua en la que declaró, y por encontrarse auxiliado por un abogado que defiende a otros actores vinculados al proceso, lo dicho por Monzón Rojas dejó muchas dudas: no pocos sospechamos que el hombre pueda aún trabajar para cualquiera de los implicados.

Para preservar la salud del proceso, sería bueno separar a ambos personajes, cuidando siempre de preservar la seguridad personal de los dos, porque son piezas clave de este juicio y otros que puedan venir.

Mientras tanto, no quiero imaginar cómo es estar entre estos dos hombres que llevan una carga tan pesada: por lo que hicieron cada uno pero sobre todo, por lo que su actuación en este proceso puede significar para el futuro de la justicia en el país. 

Es un asunto que tendrán que dirimir ante su conciencia: ponerle otro clavo más a su condena o comenzar a pagar el precio de la redención.

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