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Educación de cartón para una democracia de cartón

  • Por Julio Serrano Echeverría
El futuro de la USAC se define con el inicio de las elecciones para ocupar la Rectoría (Foto: Esteban Biba/Soy502)

El futuro de la USAC se define con el inicio de las elecciones para ocupar la Rectoría (Foto: Esteban Biba/Soy502)

Graduarse de la universidad es una penitencia que suele ir acompañada de la frase “todo sea por el cartón”.

Pero ¿qué certifica ese cartón? Hasta hace poco tiempo tenía un fin social, comprometido. Era un pacto de responsabilidad de la institución educativa, el nuevo profesional y su comunidad, una suerte de certificado de habilidades pero también de compromisos, y no nada más un certificado de aprobación de los cursos y exámenes necesarios para conseguirlo.

Estudiantes y docentes universitarios tienen una responsabilidad con el futuro del país. (Foto: Fredy Hernández/Soy502)
Estudiantes y docentes universitarios tienen una responsabilidad con el futuro del país. (Foto: Fredy Hernández/Soy502)

Todos sabemos que muchas veces el cartón es eso, un título de cartón, otorgado por rectores de cartón, decanos, profesores y asesores de cartón, recibido por estudiantes de cartón en donde muchos méritos terminan en una recicladora. La educación se ha vuelto un juego de mesa.

El 2 de mayo sucederá ese complicadísimo proceso de elección de rector de la Universidad de San Carlos, y si bien parece haber tenido alguna función de representatividad de minorías en los tempranos años de la autonomía universitaria, ahora es un laberinto que resulta ser obscenamente excluyente. El largo listado de los que no votan empieza con los Centros Universitarios y las Escuelas no facultativas, seguido de un enredado criterio de quiénes sí y quiénes no, que termina en: una democracia de cartón, y esa es otra forma de entendernos como país.

La USAC es una versión de Guatemala en pequeñito, recluida en la contradicción de cientos de miles de estudiantes que se debaten entre tener estudios universitarios para conseguir trabajo o tomar consciencia de que son parte fundamental de la transformación social. La calle es dura, pero la realidad también lo es.

El día que los estudiantes universitarios se sintieron a sí mismos como clientes comprando su pase al mercado laboral, ese día se fue todo al carajo. No temo afirmar que la educación superior es un negoción que los “mercaderes del templo” no están dispuestos a soltar.

Sé gracias a muchos estudiantes y profesores de universidades privadas que están igual de fregados: rectores mojigatos, o de una vez transas, profesores mediocres y estudiantes que se hacen los locos. Todo el mundo pagando su cuota educativa en plan “se hace lo que se puede”. 

De mi parte quiero pensar que el gran paso para transformar la educación superior está en los estudiantes que no, no son clientes: son estudiantes que por el simple hecho de estar ahí son ya grandes privilegiados de esta sociedad, y eso compañeros, no es poca cosa. 

Hágannos el favor y tómense muy en serio su rol. Ya el 2015 nos ha ido mostrando de lo que son capaces de hacer.

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30 de abril de 2018, 12:04

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