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El fútbol a patadas

  • Por Julio Serrano Echeverría
La afición es la gran fortaleza del fútbol guatemalteco. (Foto: Wilder López/Soy502)

La afición es la gran fortaleza del fútbol guatemalteco. (Foto: Wilder López/Soy502)

La mala racha del fútbol de Guatemala pareciera interminable. Ahora mismo tenemos en las narices haber estado al borde de ser expulsados por la puerta de atrás de la FIFA.

Como en muchos de los juegos de la liga nacional, la pelota pasó de un lado a otro de Fedefut, a la CDAG, al Congreso, hasta Jimmy Morales salió a cabecear a ver quién lograba anotar en medio de la chamusca. Caos, improvisación, mañas, falta de voluntad y chiripazos: eso es el fut nacional en la cancha y fuera de ella. 

Siempre he pensado que lo mejor de nuestro fut son los aficionados. Tenemos una capacidad inagotable de amar lo imposible, sufrimos, lloramos, reímos, dejamos el espíritu en la cancha y no gracias al juego en sí, sino a la identidad.

Grandes futbolistas, sí que los hay, apasionados, generosos, místicos. Juan Carlos Plata es un tipazo: sencillo, trabajador y súper generoso, por poner un ejemplo cercano de un grande. 

Un niño observa un partido de la selección de Guatemala. (Foto: Luis Barrios/Soy502)
Un niño observa un partido de la selección de Guatemala. (Foto: Luis Barrios/Soy502)

Pero la decadencia también abunda. La fama de alcohólicos entre muchos jugadores está bastante bien ganada, incluso en la selección en pleno, es una leyenda urbana ya la del jugador que llega a un partido de eliminatoria con resaca.  

Y de nuevo, no quiero generalizar, mi gratitud y admiración absoluta por quienes dejan el corazón en la cancha. Pero a las pruebas, compañeros: los grandes logros del medallero guatemalteco dentro y fuera de nuestras fronteras se los debemos a muchos hermosos deportes federados. El amor al deporte nos dio la medalla de plata de Barrondo y detrás de ella la historia de un joven sencillo y luchador. Y son innumerables las anécdotas de lucha de nuestros talentos deportivos.

Pero nadie gana como ustedes, compañeros futbolistas, ni tienen la atención mediática, ni la afición de seguidores dispuestos a todo por un gol. El amor por el deporte viene de las tripas, de la lucha, del anhelo de la humanidad por llegar a la meta en nombre de un pueblo, de un país. Pero parece que el amor por el fut viene de las marcas y de la televisión. ¡Idiay!

Marco Pappa y Kendel Herrarte, un rojo y un crema, están acusados por violencia contra la mujer. Emerson Marroquín, un chivo, espera juicio por haber asesinado a una mujer y a la madre de ella –quien sobrevivió al ataque y lo denunció-.

Y en serio no creo que el deporte cree machos bestias agresores, asesinos. Pero la mezcla de poder y dinero en la industria de “superhombres”, no dudo que sí.

Es tiempo de ver futbolistas sensibles, críticos, fuertes contra la violencia, contra el machismo y la discriminación, que vaya si no la hemos visto en la cancha.

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02 de abril de 2018, 17:04

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