24/06/2021

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En Israel, en la frontera con Gaza, se cultivan tomates y desconfianza

  • Por AFP
25 de mayo de 2021, 09:05
En Netiv Haasara, un pueblo agrícola israelí pegado a la frontera con la Franja de Gaza, ya no hay que correr día y noche a los refugios de seguridad, pero sus habitantes se preguntan por cuánto tiempo. (Foto: AFP)

En Netiv Haasara, un pueblo agrícola israelí pegado a la frontera con la Franja de Gaza, ya no hay que correr día y noche a los refugios de seguridad, pero sus habitantes se preguntan por cuánto tiempo. (Foto: AFP)

Tras la ofensiva militar israelí un agricultur dice sentirse mucho más seguro.

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Al final del pueblo, donde terminan los invernaderos de tomates, hay un mural bucólico pintado en un muro de cemento de una quincena de metros de altura. Detrás, a 200 metros, empieza el enclave palestino de Gaza.

Shaike Shaked, agricultor, dice sentirse "mucho más seguro y mucho más tranquilo" tras la ofensiva militar israelí contra el microterritorio controlado por los islamistas de Hamas que lleva bajo bloqueo israelí casi quince años.

Según el primer ministro Benjamin Netanyahu, la operación que cesó tras el alto el fuego que entró en vigor el viernes, ha permitido hacer "retroceder la capacidad de Hamás varios años".

Pero para Shaked, ese es precisamente el problema. "Sé muy bien lo que pasa esto no durará más de cinco años, quizá diez en esta ocasión".

A la entrada del pueblo, los tanques apostados desde hace dos semanas dan media vuelta. Los habitantes del lugar miran cómo pasa la columna mientras beben en su terraza el café matinal, acostumbrados a estos brotes de violencia que terminan de la misma forma súbita que empiezan.

Un pueblo fantasma

Hace solo tres días, Netiv Haasara era un pueblo fantasma. El ejército pidió a los 880 habitantes que lo evacuaran para facilitar las maniobras y protegerse de la lluvia de cohetes disparados desde Gaza.

En cambio, Gil Nir se quedó, como la mayoría de los "viejos" del 'moshav', la cooperativa agrícola fundada en 1982. Este agricultor pasó los 11 días de conflicto en su casa, encerrado en un refugio con muros de cemento reforzados de 40 centímetros que ha convertido en oficina.

"Si cae un misil, normalmente aguanta, pero si son más..." dice levantando las manos al cielo.

Esta guerra, la cuarta en 13 años entre Hamás e Israel, ha endurecido el discurso político de este padre de familia.

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