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A propósito de propósitos y despropósitos

  • Por Vic García
Este 2018, caza a tu mamut. (Ilustración: Soy502)

Este 2018, caza a tu mamut. (Ilustración: Soy502)

Los gimnasios atorados de gente, las estanterías de productos integrales y light saqueadas, los nutricionistas forrándose de billete, los restaurantes de comida rápida abandonados. Es enero, mis gentes y todo mundo decidió atorarse de pierna, tamales y guaro en diciembre. Ahora es menester cumplir uno de los dos propósitos más populares del mundo: perder peso, el otro es dejar de fumar. Curiosamente los dos más comunes, pero también los más difíciles. El primero, si se quiere hacer de manera sana, implica un cambio de vida radical; el segundo, pues básicamente es dejar una droga y todos sabemos que lo único más difícil que dejar las drogas es encontrar un político honesto. Dos, ya ni les cuento.

En fin, llegan estos días y casi todos nos sentimos con algún tipo de obligación moral de imponernos un propósito, o dos o tres. Por mi parte, y antes de ponerme a escribir estas líneas, realicé una muy pertinente investigación sobre el tema con una consulta en mi cuenta de Twitter sobre cuales son o han sido los propósitos de mis lectores. Decenas de respuestas, desde lo más serio a lo más inverosímil. De lo más yuca a lo más paja. “No discutir con mara mula en redes sociales” (Este nos lo deberíamos poner todos). “Ponerme sabrosa” (Genial, te lo agradecemos todos). “Escalar los 37 volcanes de Guatemala” (Solo no subás cuando estén en erupción o haya mucho frío, por vida tuya). “Encontrar la paz mental” (Si vivís en mi linda Guatemala es más difícil que dejar las drogas). “Llegar vivo al 2019” (El mío para 2017 era llegar vivo a 2018 y si estás leyendo estas letras estoy bastante cerca de lograrlo). “Subir de peso” (Este tiene el problema que todos quisiéramos).

Crear fundaciones para todo tipo de causas, publicar novelas, cuentos, reciclar más, dejar de usar plástico, ser más tolerante, perdonar, darle a los nietos lo que no se les pudo dar los hijos… bueno, resulta que si todos cumplimos nuestros propósitos en un año el mundo sería una de esas hermosa estampas de La Atalaya en la que gentes de todas las razas se funden en un picnic global y el león duerme al lado de la oveja mientras suena Imagine de John Lennon en cada esquina del planeta.

En mi caso, me conformaría con un solo propósito, no cometer más despropósitos.

No dedicar mi tiempo a quien o a lo que no lo merece, no excederme en ningún placer, no lastimar de ninguna manera a quienes me aman, no ser indiferente al dolor ajeno. Esos pesados y tormentosos despropósitos que solemos cometer, paradójicamente, a propósito. 

Lo cierto es que según un estudio reciente de la prestigiosa UOL (University Of Life) tan solo un 2% de todos estos propósitos serán cumplidos. A mediados de febrero los gimnasios estarán vacíos, los nutricionistas estarán sin chance, todos estaremos atorándonos de pan blanco y tortilla por muñeco y las filas en los autoservicios le darán la vuelta a la manzana. Miles de millones de propósitos olvidados, abandonados, errantes. Propósitos indigentes.

¿Por qué? En mi experiencia muy personal mía propia de mí, que no pretendo imponer a nadie, es porque no nos hacemos el planteamiento correcto, no se trata de qué propósito tengo para 2018 sino de qué propósito tiene 2018 para mí, y quizá, de llevarlo aún más lejos, qué propósito tiene la vida para mí, qué debo dejar hecho en mi paso por el mundo.

Debe ser ésta una de las cuestiones más importantes y serias que un ser humano se debe plantear. El hombre ante su propósito, el hombre ante su mamut, como en los viejos tiempos, como en las pinturas rupestres, pero en este caso ante una ilusión superior que lo debe alimentar de por vida y llevarlo en el camino a su consecución a escribir esa novela, a producir esa película, a hacer ese viaje a la India, a perder ese peso, a dejar esa droga, a correr esa maratón de montaña, a emprender esa causa, a aprender a montar bici y hasta ponerse sabrosa.

Encontrar pues al padre de todos los propósitos, o que él nos encuentre a nosotros. A lo mejor cada año estamos más cerca.

Y a propósito, tengan ustedes un muy feliz 2018.

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28 de diciembre de 2017, 17:12

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