24/06/2021

  • Mundo

De los QAnon a los antivacunas, una cartografía del conspiracionismo en Europa

  • Por AFP
17 de mayo de 2021, 09:05
Europeos aseguran que el covid-19 no existe y es parte de una conspiración. (Foto: GETTY IMAGES)

Europeos aseguran que el covid-19 no existe y es parte de una conspiración. (Foto: GETTY IMAGES)

Europeos aseguran que el virus del Covid-19 no existe y que es parte de una conspiración financiera. 

OTRAS NOTICIAS: Joe Biden anuncia donación de 80 millones de vacunas a otros países

"No es un virus", dice Monique Lustig bajo un paraguas lleno de mensajes en holandés contra la vacunación. En Alemania, Hellmuth añade: "El covid es una fábula de la mafia financiera internacional". "¿Y si en realidad estuviéramos en una película?", pregunta el francés Christophe Charret. 

Desde La Haya hasta Stuttgart, pasando por París, todos ellos aseguran que luchan contra el "control de las conciencias", contra las redes "pederastas", contra la "pandemia" inventada por una casta gobernante con planes sombríos. 

Se consideran defensores de un "discurso alternativo" a las verdades oficiales y siguen el ejemplo de los QAnon estadounidenses para plasmar en las redes sociales su visión conspiracionista de la actualidad.

Fueron expulsados de Twitter o Youtube y se sienten perseguidos. Han optado por plataformas secundarias para intercambiar información -la mayor parte falsa- que, según ellos, ocultan los medios de comunicación "convencionales".

La AFP siguió durante meses este caldo de cultivo conspirativo en Europa.

Están los QAnon están los ultraprotestantes, los antivacunas, los populistas de derecha, los ecologistas adeptos a terapias alternativas, empresarios, artesanos, desempleados e incluso hasta médicos.

Un equipo heterogéneo en pleno ascenso que preocupa a los servicios de inteligencia, que temen que desestabilicen las democracias.

"La conspiración está en auge en las redes sociales, vemos que también se organiza en células clandestinas. Evidentemente es una amenaza", advierte el coordinador nacional de la inteligencia francesa Laurent Nunez, quien reconoce que las "teorías QAnon llegan a Francia".

En las redes sociales los grupos europeos QAnon o vinculados a ellos pululan y se juntan. Los Décodeurs en Francia tienen más de 30 mil abonados en Telegram, figuras conspirativas alemanas como Attila Hildmann y Xavier Naidoo cuentan con más de 100 mil  y el británico Charlie Ward, que difunde casi cada quince minutos a sus seguidores montajes pro-Trump, llega a casi 150 mil. 

"Hay un cóctel en marcha: el debilitamiento del tejido socioeconómico, un fuerte movimiento de expresión contestatario de las plataformas digitales donde es fácil transmitir discursos conspirativos, y el calendario electoral", afirma a la AFP una fuente de la comunidad de inteligencia en Francia.

"Son movimientos que más o menos siempre han existido desde hace diez o quince años. Se alimentan de una conspiración antisistema. Hay una porosidad con grupúsculos de ultraderecha", analiza un alto cargo de la inteligencia francesa que reconoce que lo novedoso es la inclusión de "personas de universos bastante variados".

Pueden llegar a destruir familias que se sienten impotentes frente a la deriva de sus seres queridos. Es lo que le pasó a Paul (el nombre se ha cambiado) que cuenta a la AFP el lento deslizamiento de su madre "hacia el otro lado".

"Vivía recluida, pasaba una cantidad de tiempo increíble en internet buscando respuestas a su rabia contra la injusticia del mundo. Consumía las 24 horas del día Youtube, los canales de conspiración eran su única ventana hacia el mundo", cuenta este librero de 48 años.

"El confinamiento fue la guinda del pastel. El covid, la confirmación de todas sus teorías sobre el fin del mundo", añade.

Escepticismo 

Semanas antes, Holanda sufrió varias noches de disturbios inusuales tras la imposición de un toque de queda.

En la manifestación participaron activistas populistas, personas que denunciaban un gobierno mundial, defensores de las medicinas naturales.

Los une un denominador común: el escepticismo frente al discurso oficial sobre la pandemia de covid-19.

"No es un virus, es una herramienta para usar su poder. La élite mundial lo organiza, muchos piensan que es demasiado alocado para ser verdad, pero llevan más de 20 años trabajando en ello", opina la restauradora Monique Lustig.

Un poco más lejos, Jeffrey, un estudiante de 21 años, distribuye octavillas denunciando el "Gran Reset", el plan del Foro Económico Mundial para reactivar la economía después del covid-19 que oculta, según él, el control de libertades y la sumisión de la población.

"La élite global se está aprovechando de la situación para crear una nueva sociedad. Somos miles aquí convencidos de que no es una pandemia", agrega Ard Pisa, un exbanquero reconvertido en la defensa de la medicina alternativa para curar el cáncer.

"Ocho millones de niños desaparecen por año. Esto forma parte de nuestro mundo, no hay que cerrar los ojos, hay muchos casos de pederastia silenciados", prosigue, abordando uno de los temas favoritos de los partidarios de QAnon.

Esa cifra, transmitida regularmente por las oenegés de protección de la infancia, reagrupa en realidad todas las desapariciones denunciadas, incluidas las fugas, la gran mayoría de las cuales se resuelven.

Estado profundo 

La manifestación de La Haya no es una excepción en Europa. En las protestas contra las restricciones anticovid suele haber sistemáticamente muchos adeptos de las teorías conspiracionistas.

En Dinamarca, miembros del grupo "Men in Black" (Hombres de Negro) aseguran que el coronavirus es una "estafa". En Berlín abundan las banderas de QAnon en estas concentraciones que pueden llegar a juntar 10 mil personas. Un puñado de ellos incluso intentaron entrar por la fuerza en el Parlamento en agosto pasado.

Según un estudio publicado en septiembre de 2020, un tercio de los alemanes cree que "potencias secretas" controlan el mundo.

La opinión pública se enteró de la existencia de este movimiento, nacido en Estados Unidos, durante la invasión del Capitolio en enero.

Puntos de inflexión

"¡Los mensajes de Q son la biblia del conspirador!", afirma con una sonrisa Christophe Charret.

Este empresario afable y atlético que recibe a la AFP en su moderna casa de los suburbios de París se define como un "conspirador moderado".

"Estamos en un punto de inflexión del mundo, se enfrentan dos bandos y los que llevan las riendas no son nuestros amigos. Harán todo lo posible para no soltarlas, pero hay fuerzas trabajando por un futuro D-Day", concluye, insistiendo en su compromiso pacífico y en el rechazo a la violencia.

Debate público

La cantidad de rumores que se difunden entre los grupos Telegram desbordan a menudo este "núcleo duro" complotista y acaban colándose en el debate público.

En enero pasado, en Alemania, en un formidable caso práctico de propagación telefónica,  miles de mensajes denunciaron de pronto en varias redes la voluntad de crear "salas de masturbación" para menores en una guardería de Teltow, sur de Berlín.

En 2019, un estudio de la Fundación Jean Jaurès mostró que el electorado de Marine Le Pen, la líder de la extrema derecha francesa, es de lejos el más permeable a las teorías conspirativas.

Los populistas

Como el Foro, algunos partidos populistas europeos no abrazan oficialmente la retórica complotista, pero mantienen un discurso suficientemente ambiguo y atractivo para este electorado asqueado a menudo de la política.

La gente de aquí tiene dudas sobre la vacuna. Hay razones médicas -se desconocen sus efectos- pero también religiosas. ¿Se cree en Dios o en la vacuna? Dios nos ha dado la salud y la enfermedad. ¿Podemos interferir en sus planes?", se pregunta el reverendo Alwin Uitslag, que recibe a la AFP en su casa colindante con una de las numerosas iglesias del burgo.

Unos días antes de las elecciones en esta región, esta portavoz regional sobre asuntos de salud del partido alemán de extrema derecha AfD, habla con sus simpatizantes, sin mascarilla ni tabús, sobre el covid.

Calendario electoral

Con el covid, teorías de las que nunca había oído hablar han salido a la luz. Y lo encuentro apasionante. ¿Qué quiere hacer con esa gente? ¿Quiere decirles que los apartamos completamente de la sociedad? No es posible. Debemos buscar el diálogo con todo el mundo", dice Baum a la AFP.

"Aquellos que votan por los partidos de extrema derecha tienen una tendencia mayor a creer en teorías conspirativas vinculadas al covid. Es el caso de uno de cada cinco electores de la AfD", dice un informe de febrero de 2021 de varias ONG, entre ellas la Amadeu Antonio Foundation. 

Discursos que encuentran eco en Francia, sobre todo entre los "Patriotas", pequeño partido soberanista cuyo líder Florian Philippot denuncia cada sábado en manifestaciones a través del país la "Coronolocura".

Aunque por el momento está circunscrito a algunas formaciones políticas populistas y a manifestaciones esporádicas, este cóctel de múltiples discursos complotistas preocupa a los servicios de inteligencia europeos.

En Alemania el movimiento "Querdenken", que se opone a las medidas anticovid, está bajo vigilancia reforzada en varias regiones, debido a sus nexos con movimientos próximos de la extrema derecha, cuyo discurso pone en entredicho la Constitución.

"Trabajamos sobre un grupo de personas claramente delimitado, que, constatamos, tienen contactos con los extremistas. Las teorías del complot pueden actuar como catalizador de la radicalización y una pasarela hacia el extremismo", explica un responsable de inteligencia en el Baden-Wurtemberg.

Las teorías conspirativas, que se han colado en el debate público y en las redes sociales, ¿podrían abrir la puerta a la desestabilización de nuestras democracias?

"Estamos preocupados por el paso al acto violento de estos individuos", dice un alto responsable de la inteligencia francesa que culpa a la "injerencia informativa estatal rusa" sobre el asunto desde las "cadenas Russia Today y Sputnik".

Comentar
cerrar