27/02/2021

  • Ciencia

Sonda espacial japonesa regresa a casa con polvo de un asteroide

  • Por AFP
05 de diciembre de 2020, 20:12
Así se vio la sonda Hayabusa-2, de JAXA, al entrar a la Tierra. (Foto: AFP)

Así se vio la sonda Hayabusa-2, de JAXA, al entrar a la Tierra. (Foto: AFP)

Una sonda japonesa regresó a la Tierra con pequeños restos de un lejano asteroide.

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Los científicos esperan que esas muestras, apenas 0.1 gramos de "polvo estelar", puedan ayudar a desentrañar los misterios del origen de la vida y de la formación del universo.

La entrada en la atmósfera terrestre de la pequeña cápsula fue espectacular, trazando un limpio arco en la noche, el cual pudo ser captado por las cámaras en Australia, donde aterrizó en una zona aislada.

La sonda, que se soltó de la nave espacial japonesa Hayabusa-2, entró en la atmósfera como una bola de fuego.

"¡Hemos encontrado la cápsula! ¡Con el paracaídas!", informó la misión en Twitter.

"Seis años después, por fin vuelve a la Tierra", dijo antes un responsable del programa espacial japonés en directo, mientras otros saltaban y festejaban emocionados en la sala de control.

Del tamaño de un refrigerador, la cápsula se separó del Hayabusa-2 a una distancia de 220 mil kilómetros del planeta.

El aparato aterrizó en el remoto desierto del sur de Australia, donde será recuperado en un área de unos 100 kilómetros cuadrados, gracias a que lleva unos indicadores que permitirán su localización rápida.

Las muestras del asteroide Ryugu (que evoluciona a unos 300 millones de kilómetros de la Tierra), fueron atrapadas durante dos fases cruciales de la misión del Hayabusa-2, el año pasado.

Por un lado, la sonda pudo recoger polvo de la superficie, y posteriormente, material del interior de Ryugu, que fue capturado al dispararle un proyectil.

Los científicos creen que este material no ha cambiado desde la formación del universo.

En comparación, planetas como la Tierra y otros cuerpos celestes sufrieron cambios profundos a lo largo de la historia, tanto en su superficie como en el interior, básicamente a través de enormes procesos de calentamiento.

"Cuando se trata de planetas más pequeños o asteroides, estas sustancias no se fundieron, y por lo tanto, creemos que ahí dentro había sustancias de hace 4,600 millones de años", explicó el director del proyecto, Makoto Yoshikawa, antes de la llegada del aparato.

Las muestras serán enviadas a Japón 

Los científicos están especialmente interesados en descubrir si las muestras contienen materia orgánica, que podría haber ayudado a originar vida en la Tierra.

"Seguimos sin conocer el origen de la vida en la Tierra y, a través de esta misión Hayabusa-2, si somos capaces de estudiar y comprender estos materiales orgánicos de Ryugu, podría ser que estos materiales orgánicos fuesen la fuente de la vida en la Tierra", indicó Yoshikawa.

Protegidas de la luz del sol y de las radiaciones en el interior de la cápsula, las muestras serán tratadas en Australia y después enviadas en avión a Japón.

La mitad de la materia será compartida entre la JAXA, la NASA y organizaciones internacionales, y el resto será conservado para futuros estudios, a medida que avance la tecnología analítica.

Hayabusa-2 no ha acabado su misión

Pero Hayabusa-2 aún no ha acabado su misión, que se inició en diciembre de 2014.

Tras haber enviado estas muestras, Hayabusa-2 efectuará una serie de órbitas alrededor del Sol durante unos seis años, antes de acercarse a su primer objetivo, el asteroide 2001 CC21, en julio de 2026. Los científicos esperan fotografiarlo "pasando a gran velocidad".

Hayabusa-2 se dirigirá luego hacia su blanco principal: 1998 KY26, un asteroide esférico de un diámetro de solo 30 metros. Cuando la sonda lo alcance en julio de 2031, se encontrará a unos 300 millones de kilómetros de la Tierra. 

Este objetivo plantea importantes desafíos, especialmente porque pivota rápidamente, girando sobre su eje cada diez minutos aproximadamente.

Hayabusa-2 observará y fotografiará el asteroide, pero es poco probable que se pose sobre él y recoja otras muestras, pues no dispondrá de bastante combustible para traerlas a la Tierra. 

Sin embargo, "el simple hecho de desplazarse hasta el asteroide será ya una proeza", declaró Seiichiro Watanabe, un científico del proyecto de esta sonda.

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