Armarios vacíos

Armarios vacíos

Publicado hace 1 año.

Louisa Reynolds

Cómo rompí la cadena del "bullying"

Cuando hice clic en su foto la reconocí de inmediato. Habían pasado más de 20 años pero tenía el mismo rostro alargado, ojos pequeños y labios finos y delgados.Era 1995, tenía 14 años y eran mis primeros días en un internado donde compartía una habitación con otras cinco chicas, entre ellas Katherine. Era extrovertida y muy belicosa, una fachada detrás de la cual ocultaba un profundo dolor: su padre, alcohólico, la sometía a golpizas tremendas y en una ocasión la

Louisa Reynolds

Por qué amo el humor de los guatemaltecos

"A veces quisiera que pasaran disparando en la noche", dijo Don Byron levantando los brazos e imitando el gesto de quien dispara al aire con una ametralladora. "Solo para no perder la costumbre".Don Byron, el padre de uno de mis mejores amigos, quien también se llama Byron, vive en La Verbena, un sector de la zona 7 donde más de algún vecino se dedica al narcomenudeo o la extorsión.En aquella ocasión, Don Byron ironizaba sobre la extrañeza que le producía

Louisa Reynolds

Tú, el homicida

Cuando los ves, de reojo, en el retrovisor del carro, sabes lo que va suceder y en dos segundos pones en marcha una secuencia de movimientos para los cuales has sido bien entrenado.Son dos motoristas y te tienen rodeado, uno a cada lado del carro. Saben que tienes un celular porque te vieron texteando así que es inútil esconderlo.Cuando suena el golpe del arma en el vidrio ya tienes desenfundada la pistola. Bajas el vidrio y en los escasos segundos

Louisa Reynolds

Mi conversación con un campesino

Era 2007. Después de un interminable viaje en camioneta y pickup llegué a la aldea Chel, un puñado de casitas dispersas entre las profundidades montañosas del Quiché.Había viajado allí para reportear una nota sobre el impacto de un proyecto hidroeléctrico en las comunidades ixiles de la región.La aldea era tan remota que llevaba menos de un año de contar con un precario suministro de energía eléctrica. Me dirigía a la casa de un sacerdote argentino que me había puesto en contacto
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