Enderece el rumbo, Presidente

Si Morales no logra enmendarse, la crisis se agravará. (Foto: archivo Soy502)

Si Morales no logra enmendarse, la crisis se agravará. (Foto: archivo Soy502)

El presidente Jimmy Morales viene de tener días muy malos, pero algo debería subirle el ánimo.

Pese a que muchos guatemaltecos están decepcionados de los primeros meses de su gestión, todavía quieren verlo enderezar el rumbo y seguir adelante. El costo económico de la crisis política que inició el año pasado se siente y nadie en su sano juicio quiere que las cosas se pongan peor.

El mandatario debería sacudirse el polvo de los revolcones que llevó en estos días, entender los errores cometidos y empezar de nuevo.

Antedes de que sea demasiado tarde, debe separarse de quienes le hacen daño y ejecutar lo que se exige de él desde el principio: un combate frontal a la corrupción y mejoras tangibles en el uso de los recursos públicos.

Después de constatar la piñata que hizo el Partido Patriota con el dinero de los impuestos, la ciudadanía eligió a Morales para que hiciera las cosas de una forma diferente.

A otros presidentes se les ha pedido lo imposible: que lo arreglen todo. A Morales, en cambio, se le pide una sola cosa: no robarse el dinero con el que se cuenta para gobernar. Que haya policías, fiscales, jueces, maestros y centros de salud, no presidentes o ministros que se vuelvan millonarios.

Que el presidente logre reencausarse es mucho más importante de lo que parece. No solo para conservar la estabilidad política inmediata y evitar que la crisis que ya sentimos empeore.

Es importante avanzar en la lucha contra la corrupción porque de lo contrario, el país va a empantanarse políticamente.

Si queremos prosperar, Guatemala debe ponerse grandes metas, como evitar que haya niños condenados a la desnutrición desde antes de nacer, asegurar que esos mismos niños vayan a mejores escuelas y  a la universidad, que no se mueran de diarrea o neumonía, crezcan en un ambiente seguro y encuentren un trabajo digno al graduarse. Para todo eso se necesita dinero.

Y los guatemaltecos, está visto, no van a pagar de buen grado sus impuestos, muchos menos aceptar que se los aumenten, si los gobernantes no demuestran que los pueden administrar de manera correcta.

Desde hace más de 20 años, cuando se firmó la paz, los tecnócratas guatemaltecos han hecho énfasis en la necesidad de generar un debate serio acerca de la realidad fiscal. Hemos ensayado ese debate varias veces, sin lograr acuerdos verdaderos que sirvan de fundamento para una política económica y social de largo plazo. 

El destape del caso de La Línea y Cooptación del Estado han revelado hasta qué punto la corrupción está enraizada en nuestro país. Para que la acción de la justicia nos impulse hacia adelante, debe acompañarse de acciones políticas concretas, que demuestren que la gestión de los recursos de los contribuyentes puede mejorar de forma concreta y sustancial.

La tarea que se le encargó a Morales resulta entonces esencial: para que el país vuelva a hablar de desarrollo, debe demostrar que el gobierno puede sacar a los ladrones que tiene enquistados y superar los retos de la gestión. Desde luego, nadie podría resolver ese problema por completo en cuatro años, pero sí es posible dar pasos certeros que provoquen cambios irrefutables y que desentrampen la conversación política. 

Hay muchas razones para ser profundamente escéptico acerca de la capacidad de Morales de retomar el rumbo. Muchos --no todos-- pero muchos de los integrantes de su equipo son profesionales mediocres, con un pobre entendimiento político. Y lo más triste es que al parecer, algunos de ellos no han entendido ni siquiera lo elemental: que su tarea es poner fin a la piñata, no sacar el último dulce de los despojos de papel y alambre.

Las próximas semanas serán determinantes para saber si el país se sume en una crisis más honda o empieza a salir hacia la superficie. Por el bien del país, ojalá Morales recapacite y alcance a levantarse. De lo contrario, el panorama se complica para todos los guatemaltecos.