Jimmy Morales, la "Juntita" y "El Chacal"

He estado pensando en el difunto ex presidente Ramiro de León Carpio últimamente. Ya les explico por qué.

Era un buen tipo, Ramiro. Político desde la Universidad, por talento y pedigrí estaba destinado a ocupar puestos importantes. De ser Presidente de la Asociación de Estudiantes de la Landívar, pasó al Ministerio de Economía bajo Méndez Montenegro, al Consejo de Estado en tiempos de Arana, a la Asamblea Nacional Constituyente en 1984 y a la Procuraduría de los Derechos Humanos, en 1992.

Pese a esa sólida trayectoria, a la Presidencia llegó por una extraña confluencia de circunstancias: por la soberbia de Jorge Serrano Elías y su delirante intento de auto golpe el 23 de mayo de 1993; por encontrarse esa mañana en el edificio de la PDH cuando llegaron a apresarlo; y por la audacia de escabullirse de la autoridad usurpada, saltando por los tejados del Centro Histórico.

De esa crisis política, de la mayo de 1993, salimos en menos de un mes con un presidente nuevo, el propio Ramiro; y en plazo de un año, con nuevo Congreso, una nueva Corte Suprema y una Constitución reformada.

A Ramiro le pasó un poco como a Jimmy Morales: se vio catapultado al poder cuando no lo estaba esperando. Y pese a que Ramiro sí era un político experimentado, que se había preparado para gobernar y conocía el Estado y a sus pares, cuando llegó al poder, fue de repente y prácticamente solo.

En esas condiciones, es fácil caer en manos de un poder constituido y estructurado, en este caso, el Estado Mayor Presidencial, que en esa época encabezaba, ¿quién más?, Otto Pérez Molina. El general hoy detenido por haber dirigido el gobierno más corrupto de nuestra historia reciente, se convirtió pronto en la persona más influyente del círculo del Presidente de León. 

Uno de los episodios que demostró cuán vulnerable era Ramiro a su rosca militar fue cuando se difundió, con exagerada alarma, el cuento chino de que existía un complot para asesinar al Presidente donde estaba involucrado un francotirador extranjero, émulo de Illich Ramírez “El Chacal”, un venezolano que había aterrorizado Europa y que era a la sazón, el criminal más buscado del mundo.

No sé qué le dijeron a Ramiro, qué le enseñaron y cómo lo engatusaron: lo cierto es que mientras los guatemaltecos se reían del supuesto complot, el Presidente se comió el cuento y eso lo empujó más cerca de su Estado Mayor, que cobró cada vez más poder. 

El asunto de “El Chacal” ha vuelto a mi memoria porque después del traslado de nuestra embajada a Jerusalén, Guatemala se encuentra en una posición donde una historia de terroristas internacionales puede resultar más creíble que en 1993, porque de hecho, el riesgo es real. 

Y preocupa que ello pueda servir de excusa y justificación para muchas cosas, y que ese contexto debilite aún más a un presidente ya de por sí vulnerable, rehén de las circunstancias.

Por eso he estado pensando en Ramiro de León Carpio últimamente, quien se alejó de la política una vez concluido su período, no así Pérez Molina, que encontró la manera de alcanzar la Presidencia.

Ojalá solo sea un recuerdo de esos que nos nublan el ánimo de pronto y pasan luego, como los chubascos del puerto.

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20 de mayo de 2018, 14:05

*Las opiniones publicadas en las columnas son responsabilidad de su autor, no de Soy502
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