Madres guerrilleras, esperan la paz en Colombia para ver a sus hijos

La agencia AFP llegó hasta un campamento rebelde instalado en una montaña de Colombia, donde mujeres que militan en las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), comparten con los hombres las faenas de la guerra. Las guerrilleras compartieron los relatos de episodios maternales de sacrificio que les ha tocado vivir.

Un grupo de ellas habla con más resignación que orgullo de su decisión de dar a luz en medio de la guerra para después dejar a sus bebés bajo la protección de allegados o campesinos en apartadas zonas de Colombia por una implacable norma de guerra.

Lo pensé mucho para tener a mi bebé. Siempre pensaba en que tocaba botarlo por la condición en la que estábamos
"Rosmira"
, integrante de las FARC.

Desde que las FARC están en tregua unilateral hace siete meses, Rosmira y sus "camaradas" tienen más tiempo para pensar en sus vidas mientras se mueven en las noches entre ríos y bosques de una de las regiones más conflictivas del país. Cuando se firme la paz, las madres combatientes de las FARC quieren reencontrarse con sus hijos sin el temor de morir o ser capturadas. Durante la tregua, algunas los han podido ver a su paso por los caseríos. Otras madres como Lidia Rosa Rojo de 55 años, se acercan al campamento para abrazar a sus hijos insurgentes.

Lo único que espero con los Acuerdos de Paz es que algún día mi hijo sea libre y que pueda verlo con frecuencia
Lidia Rosa Rojo
, madre de un insurgente.

La guerrilla reconoce no aceptar que combatientes críen a sus hijos en medio de la guerra, y que les permite abortar como un derecho de "último recurso", lo cual es penalizado en Colombia. Aunque las autoridades colombianas atribuyen a las FARC abortos forzados y violencia sexual, las mujeres guerrilleras niegan tal cosa.

Rosmina, quien ingresó a las filas guerrilleras a los 11 años, cuenta que crió a su hija los dos primeros meses en una casa de campesinos, y que tras ello regresó a combatir. Su hija, a quien ve esporádicamente, quedó al amparo de los familiares del padre guerrillero.

Yo sentí que se habían llevado la mitad de mí al entregar a mi hija
Rosmina
, integrante de las FARC.

Como Rosmira, varias de sus compañeras optaron por tener a sus bebés fruto de relaciones consentidas, y ajustarse a la ley de hierro de la selva: encargarlos a familiares o extraños sin arriesgar a la organización.

La Agencia Colombiana para la Reintegración calcula que un 49% de los insurgentes que se entregan tiene hijos.

Manuela de 25 años, ya tenía a su hija Nicole cuando ingresó a la guerrilla.  Su hija de ocho años, ha pasado hasta un año sin verla lo cual le ha reclamado.

Uno quiere que sus hijos no lo vean con miedo o con recelo por el hecho de ser guerrillero
Manuela
, integrante de las FARC.

 

26 de febrero de 2016, 15:02

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