Niños víctimas: los que mueren, los que escapan, los que caminan

En 2014, 44 mil 500 niños migrantes no acompañados cruzaron la frontera con Estados Unidos. (Foto: Archivo/Soy502)

En 2014, 44 mil 500 niños migrantes no acompañados cruzaron la frontera con Estados Unidos. (Foto: Archivo/Soy502)

La guerra en Siria puede resumirse con dos imágenes estremecedoras. Ninguna es de ciudades destruidas o de soldados armados hasta los dientes. Son fotografías de pequeños en edad preescolar. Aylan Kurdi tenía tres años cuando murió, en septiembre de 2015, en el Mar Mediterráneo. La embarcación que le llevaba a Grecia naufragó. Falleció junto a su hermano Galip, de 5 años, y su madre, además de nueve personas más. Todos eran kurdos intentando escapar del horror de Kobani, tomada en ese entonces por el Estado Islámico. El cuerpo de Aylan apareció acostado sobre la playa y un rescatista inmortalizó la escena. 

La segunda instantánea fue captada el 18 de agosto. Omran Daqneesh, de cinco años, aparece sentado en una ambulancia que lo trasladaba de lo que fue su casa a un hospital de Alepo. El pequeño no llora. No tiene expresión alguna. No se queja. Solo intenta limpiarse con la mano. Días después se supo que su hermano, Alí, de 10 no sobrevivió a las heridas sufridas en el ataque del que fue objeto su vecindario, Qaterji, ubicado en el área bajo control de las fuerzas rebeldes que se enfrentan, por un lado al régimen de Bachar al Assad y, por el otro, al Estado Islámico. Uno de los rescatistas encargados de buscar entre los escombros a los sobrevivientes inmortalizó la escena. 

  • POR SI NO LO VISTE:

Aylan huía. Omran no tenía esa opción. Cinco años después de haberse iniciado la guerra civil en Siria, los muertos suman 250 mil y los desplazados, más de 11 millones de personas. Miles de éstos últimos son menores que han viajado no acompañados por toda Europa en busca de refugio. El año pasado fueron 88 mil 300 los que pidieron asilo sin haber cumplido 18 años. Ese dato es cuatro veces mayor al de 2014. 

De este lado del océano la situación no es precisamente halagüeña. Los niños migrantes no acompañados coparon titulares en 2014 cuando, en el primer semestre de ese año, 44 mil 500 atravesaron la frontera con Estados Unidos. El caso generó invitaciones exprés para que los presidentes de Guatemala, Honduras y El Salvador llegaran a Washington a  conversar con el mandatario Barack Obama y el vice, Joe Biden e intentar dar con una solución.

El Plan de la Alianza para la Prosperidad se diseñó, en parte, para abordar esta problemática. Pero un informe divulgado hace apenas unos días, elaborado por Unicef, presenta cifras dignas de Siria: 26 mil menores de edad fueron aprehendidos en la frontera intentando ingresar a Estados Unidos. 

A ellos se suman 16 mil que no pudieron entrar a México. La tragedia humana es enorme: los niños que expulsamos huyen de la pobreza o de la violencia. “De ser deportados, algunos de ellos podrían ser asesinados o violados por las maras de las que intentan escapar” señala “Sueños Rotos” documento de la entidad.

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Imaginar a una pequeña caminando cientos de kilómetros acompañada solo de otros de su edad, o menores que ella, es sobrecogedor. Sin rumbo claro. Expuesta a todos los peligros concebibles y un poco más. Sin comida. Sin agua. “Debemos recordar que los niños, sin importar su estatus son, primero y ante todo, niños” dijo Justin Forsyth, director ejecutivo adjunto de Unicef en la presentación de “Sueños rotos”. “Tenemos la obligación de procurar su seguridad en un ambiente sano y amoroso”. Pero eso no parece posible. Ni aquí ni en Siria. La humanidad expulsa de esos ambientes sanos y amorosos a los más preciados tesoros que tiene. A los que representan su futuro. 

25 de agosto de 2016, 11:08

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