El virus del planeta y cómo curarlo con energía positiva

Hacer deporte a campo traviesa, en este caso en el volcán Acatenango, nos acerca a la Naturaleza. (Foto: José Jorge Ubico Koose/Cortesía Facebook Andrés Fonseca)

Hacer deporte a campo traviesa, en este caso en el volcán Acatenango, nos acerca a la Naturaleza. (Foto: José Jorge Ubico Koose/Cortesía Facebook Andrés Fonseca)

En la actualidad, las personas vivimos en un estado de ignorancia profunda e inconsciente, que no tiene nada que ver con los niveles académicos o culturales que se posean.

Existe una desconexión con lo real y relevante de la existencia. El mundo gira en torno a sensaciones efímeras, bajo la idea equivocada que nuestra razón de ser es la satisfacción de los sentidos y alimentar el ego. Esta idea enfermiza provoca consecuencias nefastas que estamos padeciendo este planeta y sus habitantes.

Para sobrevivir es necesario iniciar el proceso de retorno a las bases: de vuelta a la verdad.

Este camino difícilmente podrá verse sexi en un entorno totalmente materializado y regido por el egocentrismo; en una realidad donde todos aplicamos la ley del mínimo esfuerzo y la espiritualidad no existe o se disfraza bajo dogmas obsoletos, donde nadie aplica en la vida diaria la esencia de las doctrinas más puras.

El cambio es duro y para muchos, inaceptable. Implica renuncia, enfrentar nuestros peores defectos, aceptación y entendimiento de las características y consecuencia de nuestros actos, tolerancia, autoconocimiento, auto control, entre muchas otras cosas.

Con esa descripción, el camino no sólo parece improbable sino casi imposible. Sin embargo, es necesario.

Hay esperanza: muchos empiezan a despertar del sueño colectivo y por fortuna, conozco un semillero de seres con algunos rasgos que aplicados a este renacer, pueden hacerle frente al enorme reto. Me refiero a los deportistas.

Hace algún tiempo inicié un proceso de desamor y de nuevo amor (basado en una esperanza) con el deporte.

Para las personas que me conocen, puede sonar como una crisis existencial y eso que aún no llego a los 40. Pero debo confesar que fue real y provocada por una escalada de actitudes, acciones y situaciones dentro del deporte que sólo veía en otros ámbitos ya famosos por su decadencia y falta de valores.

Alarmante observar actitudes anti deportivas a todo nivel: desde la elite hasta las categorías amateur, desde el uso de sustancias prohibidas, intrigas y desacreditaciones, infracción de las reglas bajo las narices de las supuestas autoridades, cuotas de poder, publicaciones de resultados o tiempos ficticios, etcétera. Todo ello producto de un enfoque enfermizo:  los mismos rasgos que como población mundial, nos tienen en el lugar donde estamos.

Por ventura, el positivismo y el número de la gente linda que conforma la comunidad siempre pesa más. Aunque contaminado, como el resto de grupos sociales, veo en los deportistas características positivas que van en línea con lo necesario para enderezar el rumbo.

Al practicar de forma seria un deporte, nos acostumbramos a dominar el cuerpo, a renunciar a muchos caprichos de los sentidos y de la mente. Apreciamos y amamos la naturaleza, conectamos con lo más puro en nuestros retiros personales en las montañas, mares, lagos y carreteras. Cuando nuestro fondo es positivo, logramos desarrollar sin saberlo un mayor grado de conciencia.

Como comunidad deportiva podemos iniciar el cambio, esparcir energía positiva y aplicarla en todos los ámbitos de nuestra vida.

Debemos regresar a lo simple y encontrar la verdadera senda evolutiva de la especie. Es la única alternativa que nos queda antes que el planeta se canse de nuestros abusos y se defienda contra lo que en la práctica es para el cuerpo del planeta tierra un virus indeseable: el virus de la humanidad como género.

15 de julio de 2017, 07:07

cerrar