El amor y el frío

El frío invita a los abrazos. (Foto ilustrativa: Alejandro Balán/Soy502)

El frío invita a los abrazos. (Foto ilustrativa: Alejandro Balán/Soy502)

No hay que ser un gran poeta para encontrar la evidente relación entre el amor y el frío, entre el hecho fundamental de tiritar con un abrazo de sí mismo, anhelando el abrazo de alguien más. 

La ecuación es simple: se trata del pretexto básico de los adolescentes tímidos. Hasta la fecha, “tengo frío” significa “abrazame”, un dulce imperativo de “dejate de casacas y vení”.

El frío es la realidad inminente de una ausencia, como diría el filósofo francés Roland Barthes, saber que es precisamente ahí donde no estás.

Nosotros, los del altiplano, preferimos el frío, ya se sabe. Nuestro argumento es infalible y simple: el frío se quita, el calor no. Eso sí, el segmento guatemalense que prefiere el calor tiene el pretexto perfecto: en el frío se toma chocolate o café, y pues con el calor, ya sabemos, chela. 

Así que la disputa es grande, entre quienes prefieren descubrir qué hay bajo tanta ropa o quienes prefieren ya el cuerpo al descubierto. Taparse o destaparse, he ahí el dilema.

El frío es una oportunidad para brindar amor. (Foto: Jesús Alfonso/soy502)
El frío es una oportunidad para brindar amor. (Foto: Jesús Alfonso/soy502)

Pero bien, es asunto de amor por todos lados esto del frío. Hablemos de las miles de personas que habitan esta ciudad en situación de calle o con viviendas improvisadas.

Para hablar de contrastes, todos hemos sentido cómo la lámina acumula el calor y convierte en horno cualquier sombra bajo su oxidada protección. Ahora bien, imaginen qué hace esa misma lámina cuando acumula frío, como si se durmiera con la ventana abierta al desamparo. 

De la calle pues ya sabemos, el chiflón y el sereno pegan, son un clásico, pero la helada aplasta y quedan tantos cuerpos vulnerables, abandonados, tiritando sobre la acera.

El frío y la pobreza también tienen esa relación simbiótica, las vidas en situación de calle deben de desaparecer. Un techo debería ser la unidad mínima del amor, de las garantías sociales, de pensar que sí nos importa la vida de todo el mundo aunque todos sepamos que no es verdad. En la sobrevivencia hay muchas cosas que se olvidan, y en la opulencia también.

El clima ha cambiado y el viento agita los árboles de la ciudad ante un cielo despejado que es testigo de nuestras miradas enamoradas y de las fotos pretenciosas del atardecer. 

Serán reiteradas ondas frías las que nos hagan pedir ese abrazo, es gesto elemental de protegernos. Eso también es propio del frío, sentir hasta los huesos la inclemencia del tiempo nos recuerda que tenemos que cuidarnos entre nosotros. 

Cobija es un sustantivo hermoso que se hace comunidad al convertirse en verbo, cobijar: dar refugio a alguien, sí, a alguien más, porque de eso se trata todo esto de vivir, de aprender que el frío se pasa cuando nos acercamos.

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12 de diciembre de 2017, 05:12

*Las opiniones publicadas en las columnas son responsabilidad de su autor, no de Soy502
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