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El derecho a insistir

  • Por Soy502
21 de noviembre de 2017, 06:00
Los guatemaltecos tenemos derecho a seguir exigiendo justicia y esperanza. Aquí, un homenaje a las víctimas del Hogar Virgen de la Asunción. (Foto: Jesús Alfonso/Soy502)

Los guatemaltecos tenemos derecho a seguir exigiendo justicia y esperanza. Aquí, un homenaje a las víctimas del Hogar Virgen de la Asunción. (Foto: Jesús Alfonso/Soy502)

El derecho a ser, el derecho a estar. El derecho a ser ciudadanos, a caminar por la calle sin miedo, con libertad, seamos arriesgados, el derecho a caminar con esperanza.

El derecho a seguir luchando todos los días como si todos los días la realidad pudiera ser otra, vaya ganas que le llevamos a la realidad, ¡si todo esto cambiara!

El derecho a informar, a usar estos espacios para compartirles la opinión, sí, pero también para llevar a las pantallas –tan bonito cuando los noticieros decían llevar a sus hogares- algunos momentos de la realidad nacional que necesitan ser evidenciados, sacados a luz, denunciados o acaso también, celebrados. 

El derecho a preguntarle al presidente cómo puede dormir todos los días, con los derechos ultrajados, quemados, de las 56 niñas del Hogar Seguro, solo con eso no sé cómo puede dormir. 

El derecho a tener documentos, a no esperar siglos para poder conseguir un DPI, un pasaporte. El derecho a mandar una carta, ¡carajo!, un regalo, la medicina pues, por ¡CORREO POSTAL!

El derecho a poder llegar a mi pueblo sin tener que pasar 12 horas en la carretera. El derecho a que lleguen los productos a los puestos de venta, a tener seguridad en el negocio, en la calle, en la casa, el derecho a vivir en paz, por decirlo así bien sencillo. El derecho a la justicia, ¡el derecho a la justicia!

El derecho a ser sin tener que negociar la identidad, a ser humano no sobreviviente, a ser guatemalteco, guatemalteca, con todo lo que implica ser de este pueblo que se la pasa en el columpio entre la vida y la muerte, entre el amor y el olvido, entre la libertad y el miedo.

El derecho sensible, el que se mete en la piel, el de la mirada, el derecho a la belleza, a amar, a ser amado, a sanar las heridas viejas, profundas de una sociedad herida, lastimada, somos un animal golpeado y mordemos a la primera, a la segunda, a la tercera.

El derecho a tener tiempo, sí, para pensar, para parar, para debatir, para compartir, para tirar, para cambiar la realidad o para sentarse a ver el partido, qué sé yo, tiempo, ¿se acuerdan, se acuerdan cuando había tiempo?

El derecho a abrir un libro, a ver una película, a bailar, a entregar el cuerpo, a acariciar el cuerpo y reconocernos al tacto como si la vida entera fuera un acto de amor, de pasión, y no uno de sobrevivencia insolvente. El derecho a poder vernos a los ojos y decir acá estamos, acá insistimos, acá somos, y acá seremos.

Para estar ahora leyendo esto han sido ganadas muchas batallas, el derecho a seguir, a insistir, a honrar a quienes luchan por la vida, todos los días, incondicionalmente. 

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