¿Dónde están las niñas de Guatemala?

En abril de 2014, 218 niñas fueron secuestradas por la milicia de Boko Haram en Chibok, Nigeria. El crimen de guerra dio la vuelta al mundo y más de mil días después apenas si ha logrado rescatarse a 22 de ellas. No se conoce qué ha pasado con el resto, aunque se especula que han sido esclavizadas y casado a la fuerza con sus captores. Esta pavorosa violación a los derechos humanos más básicos generó una inmensa ola de solidaridad internacional y el movimiento #BringBackourGirls recibió el apoyo, de entre otras, Michelle Obama y Salma Hayek. 

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En la noche del 28 al 29 de septiembre de 2016, 31 niñas guatemaltecas desaparecieron de un lugar en donde tendrían que haberse sentido a salvo. Diez días después, otras cuatro adolescentes escaparon del mismo sitio, como si lo sucedido unas semanas antes no hubiese sido alerta suficiente para quienes tienen la obligación de resguardarlas. Y el drama continuó impune: el 30 de octubre otras cuatro habrían huido acompañadas de un hombre con el que una de ellas conversó el día anterior. Del Hogar Seguro Virgen de la Asunción se han “fugado” más de 250  niños en los últimos tres años. Y no hay explicaciones coherentes por parte de las autoridades de por qué esto ocurre de forma recurrente ni pronunciamientos de altos funcionarios de gobierno. 

Las adolescentes apenas y son noticia porque engrosan una pavorosa estadística de la que nadie puede sentirse orgulloso: hasta septiembre de este año, 4 mil 515 menores de edad han sido reportados como desaparecidos por la unidad operativa del sistema de Alerta Alba Keneth. Su destino, según todos los indicios, puede ser tan pavoroso como el de las niñas esclavizadas de Chibok ya que las probabilidades de que hayan caído en una red de trata de personas es altísima. ¿Son objeto de engaño? Por supuesto. ¿Quieren escaparse de una realidad digna de película de terror? También. Pero la responsabilidad del Estado es resguardarlas y hasta ahora, les ha fallado, quizá de forma irremediable. 

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Los niños y jóvenes que llegan a los diferentes hogares seguros que existen en el país no lo hacen por casualidad. Son menores a quienes rescató  la Procuraduría General de la Nación por ser objeto de abusos y que, por orden de juez, deben de ser protegidos. Pero de protección, nada. En el “hogar seguro” viven hacinados, según han dado a conocer reportes de prensa desde hace tres años. Duermen de a dos en colchonetas en el suelo. Comen poco, y mal. Y, como ha sido más que evidente, pueden escaparse cuando lo deseen. Son víctimas una y otra vez. Ashley Anyeli Rodríguez tenía 13 años cuando se le vio por última vez el 29 de septiembre de este año. Es una niña de 1.50 metros, “tez morena clara, caballo lacio negro y ojos de color café”. Nadie sabe dónde está. Apenas tiene 13 años. No se “escapó” de ningún sitio. Este país la abandonó a su suerte. 

07 de noviembre de 2016, 09:11

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