Los universitarios que lustran zapatos, Facebook y el ascenso social

De lunes a viernes, los hermanos Cúmez trabajan dando lustre en los alrededores de la zona 14 capitalina.

El fin de semana estudian enfermería en la Universidad Panamericana de Sololá, porque ambos quieren dedicarse a trabajar en el sector salud. Su mamá padece una enfermedad crónica y en el futuro, los hermanos quisieran ser médicos y aliviar el dolor de los demás.

Se llaman Carlos Daniel y Mario, emigraron a la capital en busca de trabajo, rentan un cuarto en la Terminal y conmovieron al país entero cuando su historia se hizo viral en internet.

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Por fortuna para ellos, la Universidad Panamericana les concedió una beca completa y ahora el sueño por el que han trabajado tanto será más fácil de alcanzar.

La historia de tenacidad y trabajo de los hermanos Cúmez está llena de lecciones: por algo se difundió a velocidad de rayo en redes sociales.

Lo que han vivido estos jóvenes nos demuestra que no debemos bajar los brazos ante los obstáculos; que el esfuerzo honesto provoca admiración y rinde frutos; y sobre todo, que cada uno de nosotros, como las mujeres que compartieron la historia de los hermanos por internet, o la dirigencia universitaria que decidió becar a los muchachos, puede hacer la diferencia, ayudando a los demás.

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Sin embargo, la historia también pone en evidencia las grandes carencias de nuestro país.  El futuro de jóvenes extraordinarios como Carlos Daniel y Mario Cúmez no debería decidirlo un golpe de suerte ni una cadena de felices coincidencias.

Pensemos por un momento: si las señoras Santisteban que los volvieron famosos no van a una cita médica, si no hubieran requerido un lustre de zapatos, si no les hubieran hablado ni les hubieran hecho una buena foto, si a los usuarios de redes no les hubiera dado curiosidad leer la publicación, si los encargados de la Universidad Panamericana no lo hubieran visto... estos chicos seguirían en las mismas que hace unos días, igual que cientos o quizá miles de jóvenes que, como ellos, también se esfuerzan y merecerían la posibilidad de aspirar a un futuro más próspero

El poder de las redes sociales puede maravillarnos y sí, resulta magnífico que gracias a ellas los ciudadanos podamos promover cambios positivos. Pero no nos engañemos: no basta.

El país debe generar un sistema que propicie el ascenso social de manera legítima y honesta para toda la juventud. Necesitamos crear mecanismos institucionalizados a los que puedan acudir los jóvenes para estudiar y salir adelante.

El poder de las redes sociales le hizo el milagro a estos dos jóvenes de Quiché y eso hay que celebrarlo, pero las oportunidades de superación en nuestro país no deberían ser tan escasas como una lotería viral. Si queremos cambios verdaderos, que muevan las estadísticas de desarrollo humano en Guatemala, los ciudadanos de este país debemos presionar para que el sistema educativo genere acceso universal y calidad educativa. Debemos, además, asegurarnos que las escuelas conserven a los estudiantes e impulsen a los mejores a través de programas de becas que les permitan desarrollar su talento, aunque no tengan los recursos para pagar matrículas y colegiaturas. 

Tanto el Estado como entidades privadas deben enfocarse en este esfuerzo: buscar en los jóvenes esa mezcla de talento y virtudes para apoyarles a ser factores de cambio, en su familia, su comunidad y el país.

Respaldar a la juventud no debería depender de la fortuna de un encuentro o un video viral en Facebook, sino de hacer realidad una visión integral de país.

24 de enero de 2016, 23:01

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