La indignación tiene rostro. Es la carita de una niña con hambre

Entre todos los apremiantes retos que enfrenta Guatemala uno supera a los demás. Lo parecían tener claro los gobernantes de turno, lanzando proyectos con nombres elocuentes. La administración Pérez Molina convocó al “Pacto Hambre Cero” y hasta recibió reconocimientos internacionales por ello, mucho antes de que se supiera que parte de los recursos destinados para este propósito pararían en caballos que trotaran en su finca de Zaragoza o en pagarle “liftings” a la vice. 

Pero lo cierto del caso es que hablamos de enfrentar la desnutrición desde hace años. En la época de Alfonso Portillo se crearon unidades operativas para combatirla. En los años de Oscar Berger se decretó la Ley de Seguridad Alimentaria y Nutricional y se creó la figura del Comisionado Presidencial contra el Hambre. Y durante la presidencia de Alvaro Colom se lanzaron Bonos Solidarios con miras a evitar las muertes por este incomprensible flagelo.  

111
niños
menores de cinco años han muerto en 2016 porque no reciben la alimentación adecuada

El presidente Jimmy Morales hizo lo propio. Nombró a Andrés Botrán, quien había ocupado ese cargo en 2004, “Comisionado Presidencial” y prometió, como lo hizo Pérez Molina, reducir en 10 por ciento la desnutrición crónica en 4 años. A estas alturas, son ya más de 15 años en que parecemos tener claro que a esta situación es urgente ponerle remedio y contaríamos con las instituciones, los programas y los métodos necesarios para hacerle frente. Los sistemas de alerta están instalados y las instancias de verificación de qué hay que hacer, también. 

Sin embargo, los niños siguen muriendo de hambre. Esta semana se conocieron, otra vez, datos alarmantes. Un millón de niños enfrentan carencias alimentarias y 111 menores de cinco años han muerto en 2016 porque no reciben la alimentación adecuada o, trágicamente, no ingieren bocado durante días enteros. Las madres están en situación similar, o peor, demasiado débiles para atender a sus hijos o preocupadas porque se salven los hijos que estén en mejores condiciones. 

88.9
por ciento
de niños está afectado de desnutrición crónica

En algunas comunidades, como Tuixoquel, Comitancillo, San Marcos, el 88.9 por ciento de niños está afectado de desnutrición crónica. Sólo uno de cada 10 no padece de este mal a todas luces remediable y, como he dicho antes, hasta incomprensible. Todas las administraciones desean dejar un legado. El de los últimos gobiernos deja mucho que desear. Sin embargo, si Jimmy Morales, y el resto del país apoya los esfuerzos para combatir el hambre, Guatemala tiene una opción concreta de empezar a avanzar en el largo camino hacia el desarrollo. Si hay que apostarle a algo, apostemos porque el año entrante la cifra de niños muertos por hambre no alcance los dos dígitos.  

09 de diciembre de 2016, 14:12

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