Julio Prado: fiscal contra la corrupción de día, escritor de noche

Por las mañanas, usualmente se le ve cargado de pesados y largos expedientes, en los que lleva las investigaciones de corrupción, en especial en contra de Otto Pérez, Roxana Baldetti y la amplia red que tejieron para enriquecerse. Sin embargo, ese ocupado fiscal del Ministerio Público (MP) posee otra faceta, en la que se sensibiliza por todo ese mundo oscuro de ilegalidad y trata de salvarse a sí mismo a través del arte.

Se trata de Julio Prado, uno de los miembros de la Fiscalía Especial Contra la Impunidad (FECI) del Ministerio Público (MP), la que lleva el Caso La Línea, La Cooperacha, TCQ, entre otros. Últimamente, a Prado se le ha visto explicar la acusación en contra de Pérez y Baldetti y medio centenar de personas en el reciente caso de corrupción: Cooptación del Estado, que enmarcará a todos los casos en que participa el exbinomio presidencial.

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Sin embargo, en una faceta que no conoce la mayoría, es que Julio Prado, además de ser uno de los fiscales más valiosos del MP, es uno de los mejores poetas de las más recientes generaciones del país. Sus libros se venden como pan caliente, algunos de ellos ya agotados, y eso que estamos en un país que no se caracteriza por sus hábitos de lectura.

Conversar con Julio Prado es ingresar a un mundo oscuro, lleno de misterio, un lado salvaje, con un sinfín de realidades que muchos mortales no conocemos. 

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A la vez, es hablar de la vida, la esperanza y la sonrisa, la ironía y la forma en la que los guatemaltecos nos tomamos las cosas, con una inocencia casi infantil. 

Julio se atrevió a ser parte de una generación de cambio, de la post guerra; esa camada que desea experimentar otra Guatemala, más justa; así se dio a la tarea de cambiarla desde el lado más complejo de la sociedad: la lucha por la justica. 

Su elección por el derecho como profesión, fue inspirado por los libros que devoró en su adolescencia.  

Con el paso del tiempo, ingresó a trabajar al Ministerio Público (MP), iniciándose en la investigación de delitos contra la niñez, en el que se asombró por la maldad existente en crímenes de trata de personas, robo de niños, adopciones ilegales, violencia contra la niñez, etc. Su buen trabajo hizo que se fijaran en él para sumarse a una nueva fiscalía que se formaría con el ingreso de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) en el país: la FECI, la misma que tiene de rodillas a buena parte de los funcionarios del Gobierno del Partido Patriota, además de otros casos, como el de las plazas fantasma de los diputados o la corrupción en el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS).

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Aunque es el fiscal auxiliar, en el Caso Cooptación del Estado fue el encargado de presentar la acusación contra los acusados, conociendo casi de memoria todos los detalles de la investigación.

Sin embargo, al verlo hablar fuerte y claro frente al juez Miguel Ángel Gálvez, mientras todo el país se asombraba de la magnitud de la corrupción de los exmandatarios, pocos se imaginaron que su mayor pasión es escribir.  

En un país donde las leyes no se respetan ser punk no es como en otros países donde sería romper la ley, aquí para ser punk hay que obedecerlas, respetarlas y creo que encontré mi camino al querer lograr que exista algo: justicia
Julio Prado
, fiscal y escritor guatemalteco.

Pero lejos de ese rostro serio y paciente, que lee una larga acusación, se esconde un espíritu fuerte, capaz de sublimar toda esa investigación de corrupción. A muchos les darían ganas de llorar, al darse cuenta de que debido a la voracidad de los funcionarios, muchos niños murieron por desnutrición. Pero para salir del paso de la depresión o de la locura, Julio Prado escribe poesía.

Sus libros de poesía ya publicados son Satanás cabalga mi alma (Editorial Cultura) y Rockstar (Catafixia Editorial), compuestos en su mayoría por experiencias de su trabajo como investigador del MP.

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Las personas que Julio ha conocido en su camino enfrentan situaciones duras, casi demoníacas, traumas que han marcado su vida para siempre y aún así se levantan, resisten y luchan frente a un tribunal en nombre de la dignidad, a ellos les profesa sus textos, duros, pero cargados de sed de justicia.  

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Leer un poema de su autoría es conocer su obsesión por ese territorio nocturno, con personajes que viven al límite de la moral, historias a manera de advertencia, de denuncia, que buscan advertir acerca de la misma muerte. 

En esta ciudad lo que hay es un crisol donde nacen y forjamos todos los días delincuentes
Julio Prado
, fiscal y escritor guatemalteco.

Lo más difícil en un mundo tan vulnerable como el de hacer justicia en Guatemala para este escritor es: "El reto a ser distinto, a seguir las reglas, a dedicarse completamente a este trabajo, a pesar de las carencias y la desesperanza, esto te hace seguir adelante" según dice el fiscal.  

Dejen que arda

que se enciendan las esquinas de la ciudad

plana como una hoja de pergamino

una llama azul saliendo de las manos de los niños que crecen en la sombra

dejen que arda,

que los campos de flores de sangre, el vientre de los lagos, 

la boca de los mares, los peces arrastrándose en la playa, 

dejen que mi amor se prenda,

que se reduzca a cenizas 

me comeré sus despojos y luego dejen que arda, que me incendie

que no quede parte de mi cuerpo identificable a los ojos de mi madre

que se inflame la tierra

que yo sea una mancha negra en un monumento al odio que profeso

una carta de sangre debajo de la almohada

dejen que nazca otra vida sobre mi muerte

otra lengua en mi boca moribunda,

que sea la palabra que jamás se menciona

como el nombre del padre de un hijo bastardo.

17 de octubre de 2016, 09:10

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