Ni corrupto, ni ladrón

La gente quiere apoyar a Jimmy, pero él trendrá que demostrar que se merece ese apoyo. (Foto: Jesús Alfonso/Soy502)

La gente quiere apoyar a Jimmy, pero él trendrá que demostrar que se merece ese apoyo. (Foto: Jesús Alfonso/Soy502)

El presidente electo, Jimmy Morales, ya tuvo su primera crisis. Resultó que su principal asesor económico, José Ramón Lam, había plagiado cuatro documentos académicos y la estafa intelectual fue denunciada por el Instituto de Problemas Nacionales de la Universidad de San Carlos.

Era, en teoría, un problema fácil de resolver, en especial porque el señor Lam en realidad, aún era nada para Jimmy: ni ministro ni secretario ni director ni jefe de nada. No era miembro del gabinete ni de una lista 0-29. Era nada, sobre todo, a ojos del público que ni siquiera lo había visto cerca del presidente electo.

Jimmy lo debería haber sacado de su equipo ahí mismo, con contundencia, para demostrar que en su gobierno no va a permitir las mañas de “la vieja política” que él mismo denunció en la campaña. El próximo presidente debió mostrarse firme y tajante: evidenciar que no vacilará para actuar en contra de la corrupción.

El asunto, en vez de resolverse ipso facto, arrastró a Jimmy en un desgaste innecesario que duró casi la semana completa. Al final, el señor Lam se retiró por sus fueros y le puso fin al problema. 

El presidente electo no ha tenido nunca que dirigir ni administrar bajo los reflectores de la opinión pública y le está tocando aprender sobre la marcha la dinámica de estas cosas. Ojalá haya podido analizar con sentido crítico lo ocurrido e interiorizar la lección. Lo más importante para él no es demostrar que él manda y que ni la USAC ni la comunidad internacional ni el coro de analistas ni la prensa le van a decir qué hacer.

Lo crítico para él es demostrarle a los guatemaltecos que es capaz de hacer un gobierno diferente y que va a cumplir el ofrecimiento central, prácticamente el único, de esta inusual campaña: “ni corrupto ni ladrón”. 

Ese es el mandato que le dio la ciudadanía en las urnas y la población no tendrá mucha paciencia para exigirle que lo honre. Si el presidente electo da muestras de querer enderezar la gestión pública, la gente lo apoyará. De hecho, la gente quiere apoyarlo y tiene fe: es cuestión que él tome acciones que hagan tangible la voluntad de cambio y transaparencia.

Combatir las prácticas marrulleras de la política va a ser muy complejo: ya pronto el mandatario electo descubrirá la magnitud del desafío que tiene por delante. Las trampas están escondidas en los dobleces de la ley, en normativas alambicadas, en procedimientos obsoletos. Eso, sin hablar de la promiscuidad incestuosa de esta sociedad pequeña, endogámica, donde los mismos nombres y relaciones saltan por todos lados, como si fueran campo minado.

Desenrredar esos procesos y desactivar las bombas que entrañan los intereses de grupos y personajes insignes, omnímodos y poderosos, tomará esfuerzo y tiempo. Cuatro años no alcanzan para resolverlo todo.  Pero el próximo presidente puede avanzar de manera notable si va marcando el camino con hechos públicos y notorios, que envíen el mensaje correcto.

Esta semana que recién pasó,  Jimmy perdió la oportunidad con Lam. Pero no importa, la realidad se encargará de ponerle pronto otros desafíos como este ¡y mucho más significativos! sobre la mesa.

Ahí sí, tendrá que tomar de manera rápida y categórica, las decisiones que demuestren lo que tanto ha ofrecido: tolerancia cero a los corruptos.

 

08 de noviembre de 2015, 22:11

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