Tú también, Jafeth

El vicemandatario, Jafeth Cabrera. (Foto: Javier Lainfiesta/Soy502)

El vicemandatario, Jafeth Cabrera. (Foto: Javier Lainfiesta/Soy502)

Bien calladito ha estado el vicepresidente Jafeth Cabrera. No se le ve en ningún lado, no le habla a la prensa.

Desde que el presidente Jimmy Morales decidió grabar junto a la Primera Dama un mensaje para informar que su hijo José Manuel y hermano Sammy eran objeto de una investigación penal por una factura falsa, el vicepresidente debe haberse sentido aliviado. 

Me lo imagino sonriente, al ver en la pantalla a la pareja presidencial, deseando que este escándalo sofoque los rumores que corren sobre él mismo desde hace meses.

Pero no, así no va la cosa y don Jafeth debería saberlo.

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Cierto que las historias que han publicado los medios sobre la factura que tiene en vilo a la familia del presidente parecen retazos de un asunto mayor. Los hermanitos Morales seguramente se traían algo más serio con el dueño del restaurante Fulanos y Menganos, el diputado Gilmar Othman Sánchez, un proveedor de alimentos del Sistema Penitenciario (aquí, luces de alarma: recordemos que ese es uno de los agujeros negros del crimen organizado en Guatemala). 

Ahora bien, las explicaciones que debe rendir la familia Morales acerca de su vinculación con Sánchez, no desvanecen las sospechas que rodean al vicepresidente Cabrera

Después de lo ocurrido en 2015, el mensaje de la población fue muy claro: los guatemaltecos no estamos dispuestos a tolerar más corrupción. El país no es viable si los gobernantes se roban los recursos de los contribuyentes, en lugar de ofrecer los servicios que tanto necesitamos. Pese a ello, ¿qué fue lo primero que supimos del ilustre Jafeth Cabrera?

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Que días después de ser electo vicepresidente, se mudó a una casa en la zona más exclusiva de la ciudad, una propiedad cuyo valor se estima entre uno y dos millones de dólares. Yo no tengo la escritura de ese negocio como para poder afirmar que el vicepresidente la compró, pero tengo razones suficientes para creer que lo publicado por elPeriódico es cierto. Sí tengo la certeza de que la propiedad estaba en venta y que luego, fue invadida por personal de la vicepresidencia y la SAAS, mientras se llevó a cabo una remodelación. Poco después, el vicepresidente se trasladó al lugar.

Entiendo que las autoridades están investigando ese caso, con toda razón. Porque, ¿de dónde habría sacado el doctor Cabrera suficiente dinero para adquirir la casa, si todos sabemos que no es el Rey Midas? Y si acaso ahora el vicepresidente argumenta que no la compró, sino que algún "generoso benefactor" se la alquila, también habrá que examinar el asunto con detenimiento. La experiencia indica que esos "arrendamientos" a menudo son simulaciones, cuando no vienen con ribete en favores estatales.

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Lo de la factura de 90 mil quetzales de Fulanos y Menganos puede complicarle la vida a la familia Morales, pero no creo que por ello el vicepresidente Cabrera consiga llegar de carambola a la silla presidencial, como algunos dicen que sueña, porque él mismo se enredó en un negocio mucho más conspicuo y ostentoso.

De hecho, resulta casi increíble que estemos discutiendo si el vicepresidente Cabrera en realidad se arriesgó a comprar la casa de la zona 14 sin poder justificar un origen lícito y legítimo de los fondos para ese negocio, pues es casi un calco de lo que hizo Roxana Baldetti con su mansión en los Eucaliptos. Ahí también, la propiedad estaba en venta, luego se llevó a cabo una aparatosa remodelación, custodiada por personal del Partido Patriota, y posteriormente, se mudó la funcionaria. Sabemos cómo terminó esa historia y por eso me asombra que haya quien se atreva a repetirla.

En vez de esa sonrisita cínica que le imagino, el vicepresidente Cabrera debería estar ensayando su propia explicación sobre la famosa casa de la zona 14, porque la pregunta no es si le será requerida por la justicia, sino cuándo. 

Ojalá que tenga algo mejor que decir que la obtuvo de un negocio de vitaminas o tratamientos médicos milagrosos. Porque lo de los shampoos y los salones de belleza, nadie lo creyó.

19 de septiembre de 2016, 08:09

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