¿Quién era Gustavo Arrecis, el maestro asesinado en Chiquimulilla?

Un sentimiento de consternación rodea al municipio de Chiquimulilla, Santa Rosa, por el asesinato del maestro Gustavo Adolfo Arrecis, de 33 años, frente a sus alumnos en la Escuela Oficial de la aldea Las Marías.

Gustavo era originario de la zona 6 capitalina, pero cuando tenía 7 años, su familia se mudó a Chiquimulilla cuando su padre heredó un terreno, sin saber que sería el lugar donde asesinarían a su hijo.

Desde su juventud estuvo muy involucrado en la docencia y fue progresando profesionalmente hasta que llegó a ser catedrático del Centro Universitario de Santa Rosa (Cunsaro), extensión de la Universidad de San Carlos. 

Hace tres años, el maestro fue trasladado a la escuela donde pasó sus últimos momentos de vida. No obstante no era el único establecimiento donde ejercía la docencia. Pese a ser un hombre muy activo y ocupado siempre sacaba tiempo para atender a su esposa y también maestra, Merly Solares, y a su hija de cinco años.  

“Arrecis” como le decían con cariño sus compañeros de trabajo, daba clases en tres establecimientos. En las mañanas se dedicaba a sus alumnos de segundo, cuarto y sexto primaria en la Escuela de Las Marías. Por las tardes daba clases de matemáticas en el Colegio Evangélico el Shaddai a los jóvenes de básicos. Y durante el fin de semana en el Cunsaro, de la Universidad San Carlos.

Esta es el aula un día después del asesinato. (Foto: Wilder López/Soy502)
Esta es el aula un día después del asesinato. (Foto: Wilder López/Soy502)

Un hijo ejemplar 

La familia ya había experimentado un golpe similar con la muerte de su madre el año pasado, por lo que el asesinato de Gustavo se suma al dolor aún no superado.

Timoteo Arrecis, su padre, al llegar a la escuela donde estaba tendido el cuerpo de su hijo relata que solo una mirada le bastó. “Hubiera querido levantarlo y volverlo a la vida”, dijo. También asegura que Gustavo no tenía problemas con nadie porque era muy tranquilo.

Don Timoteo dice que Gustavo era su mejor hijo y un gran trabajador. (Foto: Wilder López/Soy502)
Don Timoteo dice que Gustavo era su mejor hijo y un gran trabajador. (Foto: Wilder López/Soy502)

Un maestro estricto pero amigo

“Su humildad se reflejaba por encima, era un ejemplo como persona”, relata Claudia Jolón estudiante del Cunsaro. Gustavo impartía la clase de Organización Escolar en la Facultad de Humanidades y es recordado por su dinamismo como catedrático.

La alumna nunca olvidará del “licenciado”, como le llama con respeto, su exigencia al momento de pedir las tareas. “Le gustaba que los trabajos se los entregáramos el día que él decía, sino valían menos puntos”.

Estudiantes prepararon diferentes carteles con mensajes de despedida para su profesor. (Foto: Wilder López/Soy502)
Estudiantes prepararon diferentes carteles con mensajes de despedida para su profesor. (Foto: Wilder López/Soy502)

Asimismo sus alumnos de tercero básico del Colegio Evangélico El Shaddai, recuerdan que las clases de matemáticas no eran aburridas porque el profesor tenía paciencia al explicar. Y a pesar de que era serio la mayor parte del tiempo, bromeaba con ellos cuando menos se lo esperaban.

Dos de sus exalumnas del Colegio Shaddai indican que más que un maestro, con el paso de los años se convirtió en un amigo que admiraban su capacidad de educar. “Él enseñaba sin necesidad de libros porque todo lo tenía en su mente… nunca nos imaginamos que esto le fuera a pasar a él”

Un profesor atento con nuestros hijos

Elvia Consuelo, madre de una de las alumnas de tercero básico, comenta que Arrecis consentía a su hija porque solía tener dolores de cabeza y él se preocupaba por su bienestar. De la misma manera relata que nunca tenía problemas con los padres de familia “era muy educado y noble… mi hija lloró por él toda la noche”.

Rosalinda López, supervisora educativa del Ministerio de Educación, informa que Gustavo por su experiencia era la mano derecha de la directora de la escuela “porque estaba muy bien preparado”.

Un futbolista que “se echaba al equipo al hombro” 

Aparte de la docencia, el fútbol era su otra pasión. Además de jugar en varios equipos y arbitrar partidos, Arrecis era seleccionado para participar en los juegos magisteriales, que se celebrarán el próximo mes de abril en Nueva Santa Rosa.

“Nos juntábamos para entrenar dos veces a la semana de febrero a abril normalmente por la tarde. Mañana teníamos entreno y sí vamos a sentir que ahí no va a estar”, relataron Byron Lau y Dani Ortiz, dos de sus compañeros maestros y de equipo.

Ambos describieron a Arrecis como una persona bajita, de un 1 metro con 60 centímetros, muy veloz, con mucha resistencia y que se “echaba al equipo encima” en los malos momentos.

“Perdimos el mejor elemento del equipo”, señalaron al describir la polivalencia del maestro fallecido.

La última vez que lo vieron fue este viernes cuando se reunieron para preparar el uniforme ya que recordaron que este lunes no asistió al entrenamiento programado. No volverá a las canchas, tampoco a las aulas donde sus alumnos lo extrañarán cada día. 

17 de marzo de 2016, 09:03

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