Crónica: Una Selección Nacional de Guatemala que vuelve a enamorar

La Selección Nacional es como esos viejos amores, que se olvidan cuando van mal, pero que enamoran con el mínimo guiño. Y aunque no ha pasado nada -salvo dos amistosos ganados en fila-, la situación de la Bicolor es igual. Con un técnico Walter Enrique Claverí aún interino; una Fedefut regida por un Comité Normalizador, y sin las figuras históricas ni los legionarios, no debería haber ninguna razón (aún) para que el aficionado se ilusione.
 
Sin embargo, así es el aficionado, que aunque esté peleado con su equipo, mira de reojo sus resultados, y se ilusiona y se enamora de su viejo amor.
 
Para este partido, Guatemala jugó con el uniforme de antes, el azul con franja blanca. Faltan los legionarios, pero todo parece que este equipo funciona, no por los nombres, sino porque han comprendido el funcionamiento simple de "El Clavo" Claverí, quien para empezar volvió a la línea de cuatro, sistema defensivo natural para la realidad futbolística guatemalteca, esa que no comprendió ni Almeyda, ni el Bolillo, ni Sopegno, ni ningún extranjero de la era reciente.
 
Y en el medio campo, con su barba pelirroja, resurge de las cenizas un capitán insospechado: Jean Jonathan Márquez, quien parece sentirse cómodo con el papel que le ha otorgado Claverí. Mueve el balón, defiende y anota goles. Es el verdadero líder de la Azul y Blanco.
 
Y la afición tímida que acudió al Mateo Flores empezó a lanzar piropos a su viejo amor: "Olé, olé, olé", le gritan a la Selección. Y esta no se sonroja, sino que sigue con su juego, a sabiendas de que la miran desde las gradas. 
 
 
 
 
Todo empezó con Honduras. El primer partido de Claverí, un técnico nacional que nunca fue la primera opción de la Federación Nacional de Futbol, fue un cambio total. Antes del juego, muchos aficionados, siempre fieles a la azul y blanco, ni siquiera se plantearon en ir al estadio. Me incluyo entre los decepcionados. 
 
El golpe de la corrupción en las autoridades del futbol guatemalteco fue más fuerte que las derrotas que por años hemos sufrido en el camino a un Mundial, a pesar que han sido tantas.
 
 
Mi historia de amor con la Selección Nacional también empezó con Honduras. Debe haber sido el camino a Estados Unidos 94. Guatemala jugaba un partido de preparación contra el equipo catracho en el Mateo Flores. Como cada partido, fui al estadio junto a mi abuelo. 
 
En aquellos tiempos, en los que al Estadio Nacional ingresaban más de 40 mil personas, a pesar de no tener controles de seguridad, el ambiente que se vivía sigue siendo inolvidable. 
 
Debo haber tenido 8 años. Al minuto 20 a alguien se le ocurrió que sería buena idea lanzar juegos pirotécnicos sobre nuestras cabezas para celebrar el primer gol de la Selección. Los cohetillos pasaron explotando muy cerca de nosotros y yo me asusté. 
 
 
Con la excusa de un dolor de estomago hice que con mi abuelo abandonáramos el estadio a medio tiempo. Sé que mi abuelo nunca me perdonó haberlo hecho abandonar un partido de Selección Nacional antes de que finalizara, aunque se que también que con tanta derrota, poco a poco dejó de importarle ese recuerdo. 
 
 
Contra El Salvador, cerca del mismo minuto 20, Jean Jonathan Márquez agarró un balón e hizo un golazo, en complicidad con el portero guanaco. Llegó el 1-0 y luego a pelear cada pelota para aguantar el marcador. Al final de cuentas, también los grandes equipos  son campeones porque saben sufrir cuando es necesario. 
 
 
En 23 días enfrentaremos a Estados Unidos en búsqueda de tres puntos que serán vitales para mantenernos vivos en la eliminatoria a Rusia 2018. No será fácil, pero los jugadores recibirán de nuevo el aliento de la afición que, como yo, ha recuperado la fe. 
 
Mi abuelo también la habría recuperado y, si estuviera vivo, estaría sentado en una de las butacas del Mateo Flores el próximo 25 de marzo. Incluso, estoy seguro, hubiera llevado a su nieto miedoso que lo hizo abandonar un juego hace más de 20 años. 
 
La afición llegó en buen número a apoyar a la Selección Nacional de Guatemala. (Foto: Luis Barrios/Soy502)
La afición llegó en buen número a apoyar a la Selección Nacional de Guatemala. (Foto: Luis Barrios/Soy502)
 
Eso ha provocado la Selección Nacional dirigida por Walter Claverí, luego de derrotar a Honduras y a El Salvador. La hora de la verdad se acerca, el camino a Rusia 2018 se puede terminar este mismo mes. Solo los jugadores en el campo pueden alargar la fiesta por mucho tiempo más. La ilusión de los guatemaltecos está de nuevo en sus pies. Probablemente no se logre clasificar, como siempre, pero al menos, el aficionado enamorado, vuelve a ilusionarse con ese viejo amor.
 

03 de marzo de 2016, 19:03

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