Raphael Dias Belloli, conocido como Raphinha, es actualmente atacante del FC Barcelona con 29 años. Creció en el barrio humilde de Restinga en Porto Alegre, al sur de Brasil.
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Luiz Carlos "Seu" (abreviatura de señor) Farias, cuenta que era un joven de pocas palabras pero que hablaba con la pelota en los pies.
"No es que fuese tímido, pero no andaba parloteando", dice el hombre de 83 años y barba blanca, primer entrenador de Raphinha, mientras lo recuerda con orgullo y nostalgia.
"Su padre vio que realmente se interesaba por el futbol y él empezó a evolucionar", narra en la sala de su casa en Restinga, subrayando la importancia de la familia en un entorno marcado por la pobreza y la violencia criminal.

El papá del barcelonista es músico. Rafael o "Maninho" hizo una estrecha amistad con Ronaldinho, otra gran figura de Porto Alegre, quien solía contratar a su banda.
"Tú no sabes si un muchacho va a ser futbolista", pero notas cuando "es diferente", dice Gabriel Rodrigues al evocar los inicios de Raphinha, una de las estrellas de Brasil que disputará el Mundial 2026.
La magia en los pies
Una senda de tierra en un área rural del vecino barrio de Viamão lleva al campo alquilado donde entrena el Esporte Clube 2014, proyecto social en el que juegan futbol 115 chicos de entre 6 y 17 años de forma gratuita.
El futbolista del Barça pasó por este proyecto cuando tenía 15 años, tras haber sido descartado en pruebas con las bases de Internacional y Gremio, los grandes clubes de Porto Alegre. Lo consideraron demasiado delgado.
"Raphinha es un sueño convertido en realidad", se lee en un cartel colgado en las vallas de la cancha.
Ivo Gonçalves, coordinador del Esporte Clube 2014, recuerda que le sorprendió el carácter de aquel chico para sobreponerse a los rechazos.

"Sabía lo que quería" y "venía a trabajar y no a juguetear o perder el tiempo", dice Gonçalves, de 52 años, a la AFP.
Rodrigues coincidió en prácticas con el delantero, aunque por edad estaba en una categoría mayor. Ahora es uno de los asistentes técnicos del equipo que sobrevive con donaciones privadas.
Futbol: una oportunidad
Para Rodrigues, el deporte ayuda a hacer "buenos ciudadanos" a jóvenes que viven en barrios peligrosos, donde es "fácil" descarrilarse.
Raphinha contó al diario deportivo español Sport que vio a "amigos" caer en la delincuencia. "Algunos de ellos eran mucho mejores futbolistas que yo", lamentó.
Gabriel Fauzi, de 28 años, jugó con él.
"Infelizmente me perdí en el crimen. Estuve seis años preso (por narcotráfico). Hace tres estoy en la calle y tengo una familia, una hija", cuenta Fauzi, que recuerda sus días en la cancha como el "mejor momento" de su vida.
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"Él jugaba futbol y se iba a su casa", dice sobre Raphinha.
Ídolo
Después de salir del futbol de barrio, Raphinha pasó por las categorías inferiores de Audax-SP y Avaí, convirtiéndose en profesional.
Sin hacer ruido, pues nunca llegó a debutar en la Serie A del Brasileirão, saltó a Europa con 19 años, específicamente con el Vitória Guimarães de Portugal.
Su siguiente escalón fue el Sporting e inició un ascenso meteórico: jugó con el Stade Rennais francés, brilló con el Leeds inglés y, finalmente, se alzó como una de las figuras del ataque del Barça.
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Desde su llegada al club catalán en 2022, Raphinha ha sido tres veces campeón de la liga española.
"Es un ídolo para mí. Está en el futbol profesional, donde yo quiero llegar. Está en la selección", dice João Rafael da Silva, de 16 años, que entrena en el Esporte Clube 2014.

"¡Ojalá juegue bien en la Copa del Mundo! En Restinga, toda la comunidad, somos sus hinchas", dice Farias a la espera de Norteamérica 2026.
Raphinha vuelve con frecuencia a Porto Alegre. Participó en diciembre en una repartición de juguetes y la gente le recuerda con cariño: un retrato e imágenes suyas están pintadas en la entrada de la escuela donde estudió.



