La destrucción de tulares amenaza el equilibrio ambiental del Lago de Atitlán y la calidad del agua en Panajachel y Santiago Atitlán.
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Toda planta y animal juegan un papel importante en la conservación de los ecosistemas situados alrededor de ríos y lagos del país.
De registrarse los problemas causados por la tala, la quema y la cacería indiscriminados, ocurren alteraciones que pueden causar daños irreversibles de no controlarse a tiempo.

Tal es la preocupación que impera desde que el movimiento ambiental "Atitlán Sano" se encontrara con la denuncia ciudadana acerca de la destrucción de tulares en las zona ribereña del municipio.
"No solo se ve el corte de los juncos, sino que, además, se quemaron las macollas, lo que pone en evidencia el alto nivel de inconsciencia de la gente respecto a la importancia del tul", explicó el ingeniero ambiental Marvin Romero.
El profesional señaló que estos ecosistemas son de las pocas barreras naturales que tiene el lago para revertir los efectos de la contaminación que lo afecta.
Al campo
Entre 2022 y 2024, Romero y la ingeniera Sucely González elaboraron la investigación para entender el ecosistema del tul en las riberas del lago de Atitlán.

Los datos obtenidos permitieron emitir la conclusión de que el tul es un importante filtro natural que ayuda a mejorar la calidad del agua.
"Regula y reduce la temperatura, incrementa las concentraciones de oxígeno disuelto, reduce la conductividad eléctrica y retiene altos volúmenes de sólidos sedimentables", explicó Romero.
Asimismo, reduce las concentraciones de sólidos disueltos, los cuales incluyen los rastros de nitrógeno y fósforo procedentes de los abonos utilizados en las siembras de la parte alta.

Los dos químicos prevalecen el suelo y terminan siendo arrastrados por las lluvias, yendo a parar a los ríos que desembocan en el lago, como el San Francisco y el Quiscab.
"Sin embargo, también se ven directamente afectados por estos componentes, degradándose en su estructura y funcionamiento natural", explicó Romero.
Presencia
Los ecosistemas de tul más estables se localizan en las orillas de Santiago Atitlán, San Antonio Palopó y Santa Catarina Palopó.
"En cambio, los menos diversos y afectados por la contaminación son los de Panajachel y San Marcos la Laguna", detalló Romero.

Para conservar los tulares, en lo que va del año ya se llevaron a cabo varias siembras de macollas en varios de los municipios mencionados y San Pedro La Laguna.
Sin embargo, aún prevalece la destrucción causada por particulares que invocan los más diversos motivos para hacerla.

"Unos dicen que les arruinan el paisaje en su casa de descanso, otros porque vuelven fangosas las playas, o la ven como un obstáculo para navegar o recrearse", detalló Romero.
El escenario empeora con los que sobrexplotan el tul como materia prima y quienes lo dañan solo por que les da la gana, por lo que aún queda mucho trabajo por hacer en materia de educación ambiental.





