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Una cadena rota lleva a Pablo a ayudar a un desconocido

  • Por Content Marketing Soy502
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18 de septiembre de 2026, 16:30
(Fotografía ilustrativa: Content Marketing Soy502)

(Fotografía ilustrativa: Content Marketing Soy502)

Pablo Guevara no imaginaba que una cadena para motocicleta que llevaba entre sus repuestos terminaría convirtiéndose en la solución para un hombre que encontró varado en el camino.

Su historia es una de esas acciones cotidianas que recuerdan que, detrás del ritmo diario de la Ciudad de Guatemala, también hay personas dispuestas a detenerse para ayudar a alguien que lo necesita.

Todo ocurrió cuando Pablo se dirigía a trabajar junto a un amigo rumbo a Santa Elena Barillas. Durante el recorrido, ambos observaron a un motorista que permanecía de rodillas junto a su motocicleta, con una mochila a un lado y tratando de resolver un problema que parecía complicado.

La cadena de la moto estaba partida en tres pedazos y el hombre intentaba repararla golpeándola con un hierro.

La escena llamó la atención de Pablo y su amigo. Aunque inicialmente continuaron su camino, la imagen del motorista intentando resolver el problema por su cuenta hizo que decidieran regresar.

Nos dimos cuenta de que realmente estaba en una situación complicada y que probablemente no iba a poder resolverla solo.
Pablo Guevara
, ciudadano guatemalteco.

Escuchar antes de juzgar

El motorista se encontraba golpeado, tenía sangre en los brazos y las piernas y estaba visiblemente desconcertado. Pablo reconoce que, en un primer momento, él y su amigo juzgaron la situación demasiado rápido.

Su primera impresión fue pensar que el hombre podría haber consumido licor y que esa podía ser la razón por la que había sufrido el accidente. Sin embargo, decidieron detenerse y hablar con él antes de sacar conclusiones.

Pero, mientras conversaban, Pablo se dio cuenta de que el hombre no tenía olor a licor. Fue entonces cuando el motorista relató lo ocurrido.

Les explicó que había sido atropellado y que el vehículo involucrado se había dado a la fuga. A pesar de las heridas y de los daños que había sufrido su motocicleta, logró avanzar hasta el lugar donde Pablo y su amigo lo encontraron.

Allí, sin posibilidad de continuar el camino, intentaba reparar por sí mismo una cadena que ya estaba completamente dañada.

Para Pablo, ese momento cambió por completo la forma en que había visto la situación al principio. "Creo que cometimos el error de juzgar la situación demasiado rápido", reconoció.

El taller más cercano se encontraba aproximadamente a 20 minutos de distancia, por lo que dejar al motorista en ese lugar habría significado que probablemente tendría que encontrar por su cuenta la manera de reparar su motocicleta o conseguir ayuda. "Lo primero que pensé fue que teníamos que ayudarlo", recordó.

La Ciudad de la Buena Gente

Pablo y su amigo comenzaron a revisar la motocicleta para encontrar una solución. Intentaron ver si era posible reparar la cadena, pero después de observarla se dieron cuenta de que el daño era demasiado grande.

Entonces Pablo recordó algo que llevaba consigo. Parte de su trabajo está relacionado con los repuestos para motocicletas y, entre las cosas que transportaban ese día, había una cadena nueva.

Cuando vimos que su cadena ya no tenía reparación, pensé que quizá por algo Dios nos había puesto en ese lugar justo en ese momento. Nosotros llevábamos repuestos para motocicleta y, entre esos repuestos, llevábamos una cadena nueva.
Pablo Guevara
, ciudadano guatemalteco.

Pablo pensó que, si tenían consigo algo que podía resolver el problema del motorista, no había razón para guardarlo. Así que decidió regalársela.

El gesto sorprendió al motorista, quien hasta ese momento había intentado resolver solo una situación que parecía no tener salida.

Pablo todavía recuerda la expresión del hombre cuando sacó la cadena de la panel y le explicó que se la entregarían para reparar su motocicleta. "Verle la cara fue como ver a un niño cuando recibe su regalo de Navidad", contó.

Pequeños gestos que trascienden

Después de reparar la motocicleta, esperaron a que el hombre lograra encenderla. Una vez que comprobaron que podía continuar, tomaron una decisión adicional: acompañarlo hasta su casa para asegurarse de que llegara bien después del accidente.

El motorista avanzó delante de ellos durante el recorrido y Pablo y su amigo lo siguieron. Para Guevara, era importante saber que, después de todo lo ocurrido, el hombre podría llegar a salvo a su destino.

Antes de despedirse, el motorista le pidió su número de teléfono. Luego le hizo una promesa que Pablo no esperaba: "si algún día se encuentran cerca de mi casa y necesitan algo, no duden en llamarme, con gusto estaría dispuesto a ayudarlos", reafirmó el motorista.

Ese momento hizo todavía más significativa la experiencia para Pablo. Una persona que, unas horas antes, era completamente desconocida para él, ahora quería devolverle el gesto que había recibido.

"Para mí eso hizo todavía más especial lo que había sucedido, porque pasó de ser una persona completamente desconocida a alguien que también quería devolver esa ayuda", explicó.

La solidaridad es parte de CD Guate

Para Pablo, cualquiera puede encontrarse algún día en una situación difícil y necesitar que alguien se detenga a ayudar. Por eso, asegura, trata de ponerse en el lugar de los demás y recuerda que una buena acción no siempre implica resolver un gran problema.

Ayudar al prójimo no necesariamente significa realizar algo extraordinario o resolver un problema enorme. Muchas veces, asegura Pablo, las buenas acciones pueden comenzar con gestos mucho más sencillos.

Dar los buenos días, buenas tardes o buenas noches. Saludar con humildad y respeto. Tratar bien a una persona, aunque sea alguien completamente desconocido.

No siempre tenemos que regalar algo o resolverle un gran problema a alguien. A veces simplemente tratar bien a las personas puede hacer una diferencia".
Pablo Guevara
, ciudadano guatemalteco.

Aquel día, Pablo y su amigo decidieron regresar, escuchar la historia de un desconocido y buscar la forma de ayudarlo. Lo que comenzó con una cadena rota terminó con una motocicleta reparada, el acompañamiento hasta su casa y la promesa de que aquel hombre también estaría dispuesto a tenderles la mano algún día.

Son estos pequeños encuentros los que recuerdan que el espíritu de la Ciudad de Guatemala también se encuentra en las acciones cotidianas. La historia de Pablo Guevara demuestra que, al detenernos, escuchar y ayudar sin esperar nada a cambio, somos Ciudad de la Buena Gente.

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